Una palabra dicha, ya se fue; un acto realizado, forma parte del pasado.
Las palabras y los actos pueden construir o destruir.
¿Qué hacer si lo que se dijo o hizo fue incorrecto, inadecuado y produjo daño a otros?
La respuesta es… restitución.
Restituir es un gran y maravilloso privilegio.
Podemos decir que, en cierto sentido, nos permite cambiar el pasado.
Aunque nunca podemos devolver el reloj, a menudo tenemos la oportunidad de corregir errores pasados, hacer enmiendas, y convertirlas en bien.
Si las palabras fueron hirientes, o están basadas en mentiras; entonces, un corazón humilde es capaz de pedir perdón para sanar otros corazones.
Si se ha robado, se puede devolver y pagarlo.
Si se ha defraudado, se puede devolver.
Si ha fallado por inacción, se puede actuar en una nueva oportunidad.
Si se ha lastimado, se puede sanar.
Si se ha roto, puedes arreglarlo.
Le invito para que aprenda este principio “Nunca es tarde para dar el paso de la restitución”.
Sabemos que la condición humana nos hace cometer errores, pero, el poder del Espíritu Santo nos da sabiduría y fortaleza para restaurar y restituir.
Además, la restitución devuelve la autoridad legal perdida.
Dios nos ha restituido la vida eterna en Jesús a pesar de haber sido nosotros los causantes de la separación, pero el amor verdadero es un amor que restituye.
Oro para que tomes la decisión de actuar en rectitud y restituir aquello que ha causado daño a los demás y a la integridad personal.

Versículo: “de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes”. Colosenses 3:13 (NVI)

Buen Dia
Juan C Quintero
www.buendiatodoslosdias.com

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