Es probable que en algún momento de nuestra vida sintamos que no hay esperanza. Es un sentimiento de incapacidad humana, en los que parece que las fuerzas ya no nos dan para más. Incluso acudimos al Señor y pareciera como si Él no hubiera cumplido con su promesa, puede ser que una tragedia nos ha sobrevenido, o que tal vez algo ha sucedido en nuestras vidas que nos ha hecho sentir decepcionados de nuestras capacidades, de los demás o incluso hasta de Dios.
Este puede ser el reflejo de lo que sintieron los discípulos de Jesús después de la Crucifixión. Dos de ellos tomaron la decisión de alejarse de Jerusalén -quizás esta era la manera que ellos encontraron de “olvidarse” de lo que había ocurrido y tratar de empezar una nueva vida lejos del lugar donde de la decepción.
Pero algo ocurrió en el camino, está descrito en Lucas capítulo 24, versículos 13 al 35. En el camino estaba Jesús con ellos, pero no le reconocieron, siguieron su camino de desesperanza, aunque el mismo maestro, quien había hecho los milagros, el que había prometido que resucitaría, ¡el Señor resucitado estaba con ellos y no se dieron cuenta!. Es posible que ellos, en medio de su desesperanza, no hubieran podido quitarse de la mente lo que había ocurrido, estaban atrapados en el dolor y en la tristeza, tanto. que no se percataron de la presencia de Jesús en medio de ellos.
Así pasa con muchos, les puede más su angustia, su drama personal, su mente que trae pensamientos de derrota y no se percatan que el Señor está con ellos, dispuesto a rescatarles y a devolverle toda esperanza a quien está desesperanzado.
Abre tus ojos, pon atención a lo que pasa, levanta tu mirada y revisa con cuidado, porque el Señor está contigo, está a tu favor y quiere que seas consciente de Su presencia.
Recobra la esperanza, que tu rostro brille y que puedas declarar “Gracias Señor, aunque antes dudé y mi fe flaqueaba, hoy reconozco tu presencia, sé que obraras el milagro, tu sola presencia me es suficiente para recuperar mi esperanza”
Versiculo: Lucas 24:15-16 “Y sucedió que mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos. 16 Pero sus ojos estaban velados para que no le reconocieran” (RVR60)
Buen Dia
Juan C Quintero
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