0012731048SALMOS 106:1… Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre (NVI).

En junio de 2015, en París, se removieron 45 toneladas de candados de las barandas del Puente de las Artes. Como un gesto romántico, las parejas grababan sus iniciales en un candado, lo colocaban en la baranda, lo cerraban y arrojaban la llave al río Sena.

Como este ritual se había repetido miles de veces, el puente ya no podía soportar más el peso de tanto «amor». Por fin, el gobierno de la ciudad, para proteger el puente, quitó los «candados de amor».

El propósito de los candados era simbolizar amor eterno, pero el amor humano no dura para siempre. Aún los amigos más íntimos pueden ofenderse y no resolver nunca el problema; los parientes, discutir y negarse a perdonar; los esposos y esposas, alejarse tanto que no recuerdan por qué decidieron casarse. El amor humano es inconstante.

Pero hay un amor invariable y duradero: el amor de DIOS. Como afirma el Salmo 106:1: «Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre» (NVI).

Las promesas de este amor inalterable y eterno se encuentran en toda la Biblia. Y su mayor demostración es la muerte de su Hijo para que los que creen en ÉL tengan vida eterna. Nada nos separará de Su amor: “Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.“ (Romanos 8:38-39). (NVI)

Cindy Hess Kasper -Nuestro Pan Diario

La muerte y resurrección de Cristo son la medida del amor de DIOS para conmigo.

ORACIÓN: Señor, te doy gracias por Tu amor sin fin, al que estoy sujeto por el Espíritu Santo que vive en mí. En el nombre de Cristo, amén.

 

Lectura: Romanos 8:31-39

31 ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? 32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? 33 ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. 34 ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. 35 ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? 36 Así está escrito: «Por tu causa siempre nos llevan a la muerte; ¡nos tratan como a ovejas para el matadero!» 37 Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38 Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, 39 ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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