HABACUC 1:2 “Dios mío, a gritos te pido que me ayudes”

Cuando me casé, pensé que tendría hijos enseguida. Pero no fue así, y la angustia de la esterilidad me puso de rodillas. Solía clamar a DIOS:«¿Hasta cuándo?». Sabía que Él podía modificar mi situación, pero ¿por qué no lo hacía?

¿Estás esperando en DIOS? ¿Le preguntas cuánto tiempo falta para que la justicia prevalezca en este mundo, para que haya una cura para el cáncer, para que puedas saldar todas tus deudas?

El profeta Habacuc conocía bien ese sentimiento. En el siglo vii a.C., clamó al Señor: «Dios mío, a gritos te pido que me ayudes, pero tú no me escuchas; ¿cuándo vas a hacerme caso? Te he rogado que acabes con la violencia, pero tú no haces nada. 3 ¿Por qué me obligas a ver tanta violencia e injusticia? Por todas partes veo sólo pleitos y peleas; por todas partes veo sólo violencia y destrucción.» (Habacuc 1:2-3).

Oró durante mucho tiempo, luchando para entender cómo un DIOS justo y poderoso podía permitir que la maldad, la injusticia y la corrupción siguieran en Judá. Según él, el SEÑOR ya tendría que haber intervenido. ¿Por qué DIOS no hacía nada?

Hay días cuando nosotros sentimos lo mismo. Como Habacuc, le preguntamos continuamente a DIOS: «¿Hasta cuándo?». Pero, como en el caso de Habacuc, DIOS escucha sobre lo que nos agobia. Debemos seguir dejando todo en Sus manos porque ÉL se ocupa de nosotros. Nos oye y, a Su tiempo, nos responderá. — Kevin Williams

Nuestro Pan Diario

OREMOS: SEÑOR, gracias porque oyes mi clamor y respondes según Tu plan y propósitos perfectos. En Tu Nombre, amén.

 

Habacuc 1:2-11

Dios mío, a gritos te pido que me ayudes, pero tú no me escuchas; ¿cuándo vas a hacerme caso? Te he rogado que acabes con la violencia, pero tú no haces nada. 3 ¿Por qué me obligas a ver tanta violencia e injusticia?

Por todas partes veo sólo pleitos y peleas; por todas partes veo sólo violencia y destrucción. 4 Nadie obedece tus mandamientos, nadie es justo con nadie.
Los malvados maltratan a los buenos, y por todas partes hay injusticia.

5 Dios respondió: «Fíjense en las naciones. Miren lo que sucede entre ellas.
Lo que pronto van a ver los dejará con la boca abierta. Si alguien les contara esto, ustedes no podrían creerlo.

6 »Voy a hacer que los babilonios se dispongan a atacarlos. Son un pueblo muy cruel, y recorren el mundo para adueñarse de tierras ajenas. 7 Para ellos sólo vale su ley y sólo importa su honor; ¡son un pueblo terrible! 8 »Sus caballos y sus jinetes vienen galopando desde muy lejos; son más veloces que los leopardos y más feroces que los lobos nocturnos; se lanzan sobre sus enemigos como el águila sobre su presa. 9 A su paso lo destruyen todo; a su paso siembran el terror, y los prisioneros que toman son tantos como la  arena del mar.

10 »Se ríen de reyes y gobernantes, se burlan de sus murallas, y construyen rampas de arena para conquistar sus ciudades. 11 Son como un viento violento que llega, golpea y se va; pero son culpables de un gran pecado:
no tienen más dios que su fuerza». Traducción en lenguaje actual (TLA)

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