La oración de Ana
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Señor, escucha mi oración, y llegue a ti mi clamor… en el día de mi angustia; inclina a mí tu oído; apresúrate a responderme el día que te invocare.
Salmo 102:1-2

 

Este pobre clamó, y le oyó el Señor, y lo libró de todas sus angustias.

 

Salmo 34:6
El sacerdote Elí estaba sentado en el templo de Dios en Silo. Allí vio a una mujer que oraba en voz baja. Movía los labios, pero Elí no oía nada.
¿Quién era esa mujer? Se llamaba Ana y había ido con su marido, como cada año, a adorar a Dios. Sufría porque no tenía hijos y algunos se burlaban de ella. Ana, profundamente herida y triste, había ido a la casa de Dios. Ella conocía a Dios, sabía que allí podía hallarlo y que él escucharía su oración. Pero su tristeza quedó entre ella y Dios, pues no sabemos qué le dijo.

 

Elí tampoco sabía nada de esto, pero cuando se enteró de su situación, le dijo: “Ve en paz” (v. 17). Y cuando después de un año su marido regresó al templo, Ana se quedó en casa: Dios le había dado un hijo, Samuel, quien más tarde sería un gran profeta.

 

Esta historia muestra que quien conoce a Dios puede contarle sus problemas, sus preocupaciones, sus tristezas… No sabe cuál será la respuesta de Dios, pero sabe que Dios está atento a sus oraciones y que le dará la paz en su corazón.

 

¿Ya ha orado usted? ¿Tal vez haya experimentado el desamparo, o su conciencia lo haya atormentado? Dios le responderá, esto es seguro. Él lo conoce, ve su situación y desea que usted le pida ayuda. ¡Confíe en él!

 

“Oh Dios, oye mi oración; escucha las razones de mi boca” (Salmo 54:2). “Clama a mí, y yo te responderé” (Jeremías 33:3).
Por: La Buena Semilla.

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