La regla de oro

Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos.(Vers. Reina y Valera)

Aunque el Señor está en lo alto, se fija en el hombre humilde, y de lejos reconoce al orgulloso.
(Vers. Dios Habla Hoy) Salmos 138:6 

La regla de oro, en la Biblia, dice que hagamos a los demás lo que a nosotros nos gustaría que nos hicieran. Esta ley opera tanto para bien como para mal.

Si yo soy una persona honesta para con otros recibiré honestidad; si opero en forma deshonesta recibiré lo mismo por consecuencia. Con la humildad y la altivez u orgullo sucede lo mismo.

Cuántas veces a nuestros compañeros de oficina, o hermanos de la iglesia, los vemos como personas inferiores a nosotros por el color de su piel, su idioma, su desarrollo intelectual o manera de ser. En el fondo de nuestro ser “tenemos aires de superioridad” que fluye y daña a otros, pues el orgullo y la altivez no sólo nos destruye a nosotros sino también a los que nos rodean.

La característica del cristiano debe ser siempre la de la humildad.

Hay muchos que se consideran cristianos pero con su vida niegan la eficacia de lo que creen. Existe en ellos una mixtura. A las personas que son orgullosas y altivas les cuesta reconocer sus errores, pero en este día El Señor nos dice que, seguir con esa actitud hará que El nos mire de lejos en nuestras necesidades y problemas, pues en el teléfono de Dios sólo se atiende a los humildes.

CONFESIÓN DE FE: RENUNCIO A MI ALTIVEZ Y ORGULLO, EN EL NOMBRE DE JESUS, Y RECIBO DE PARTE DEL SEÑOR UN ESPIRITU DE HUMILDAD

ORACIÓN: Te entrego en este día, mi altivez y orgullo para que lo cambies por un corazón humilde. Te entrego todos mis “aires de superioridad” para que venga el viento de tú Espíritu Santo y produzca en mí la humildad que me falta. ¡ Cámbiame Señor en este día! En el nombre de Jesús. Amen.

Por: Ritchie Pugliese