Reflexiones – Cual es mi familia

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios…
Amados, ahora somos hijos de Dios.

1 Juan 3:1-2.

 

Hoy en día la informática permite hallar lejanos parentescos. Puede ser interesante conocer nuestras raíces, pero existe una familia a la cual es vital pertenecer: la familia de Dios.

El apóstol Juan insiste en el amor de Dios que nos hace entrar en esta familia, dándonos un nuevo nombre y una herencia. Cuando creemos en su Hijo Jesús, muerto en la cruz para expiar nuestros pecados, no sólo somos salvos, sino que llegamos a ser sus hijos, teniendo su propia vida. “A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

En la mañana de la resurrección, cuando unas mujeres fueron al sepulcro para embalsamar el cuerpo de Jesús, lo hallaron vacío. Un ángel les anunció que Jesús estaba vivo. Pero María Magdalena, conmovida, lloró. Entonces alguien se le acercó, y pensando que era el hortelano, ella le dijo: “Si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto” (Juan 20:15). Pero una voz la llamó: “¡María!”. Era él, ¡el Maestro! Y era portador de un maravilloso mensaje: “Vé a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20:17).

¿Forma parte el lector de la familia de Dios? ¿Puede apropiarse los siguientes versículos: “Así que ya nos sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo” (Efesios 2:19-20)?

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