Pocas veces la Biblia hace referencia a los rasgos físicos de las personas, por lo general es solo cuando tiene alguna implicación en el relato. De ella se dice quera una mujer “sensata y hermosa”. Su nombre significa “el gozo de su padre”, y dadas las circunstancias, creo que pudiéramos añadir “el gozo de su familia”.

Abigaíl estaba casada con un hombre llamado Nabal. Realmente no sé el motivo que tuvieron los padres de este al escoger su nombre pues el significado de Nabal es tonto… ¡casi parece profético porque un tonto fue! La Escritura también dice que era “grosero y mezquino en todos sus asuntos” (vv. 10-11), además era un borracho despilfarrador (v. 36) y con un carácter tan malo que hablarle era imposible (v. 17).

¡Pobrecita Abigaíl! En honor a la verdad, un esposo así es como para halarse los pelos, pasarse el día lamentándose y vivir en total desánimo e indiferencia. ¡Pero esta mujer era sensata! Otras versiones dicen “de buen entendimiento”, “inteligente”. A mí me gustaría describirla como una mujer sabia y valiente.

Si conoces la historia ya sabes que la situación que la familia enfrentaba en ese momento era difícil, una emergencia. David, con todos sus hombres armados, venía a atacarles porque el tacaño de Nabal no quiso darles alimento, a pesar de que antes ellos le habían ayudado. Los sirvientes expusieron a su ama lo que había sucedido y ahora ella debía tomar una decisión.

Abigaíl examinó la situación y entendió que la única manera de salvar a su familia era apelando a la misericordia de David. ¿Cómo? Al responder a la necesidad que él y sus hombres tenían: ¡Comida! Esta era una mujer sabia y práctica. Se dispuso a preparar un banquete, ¡para llevar! Lo que ella preparó agota a cualquiera de tan solo pensarlo (v. 18). Pero ella fue sabia al entender que si no intervenía, su familia peligraba.

No obstante, no solo fue sabia, ¡fue valiente! Abigaíl no consultó con su esposo nada de lo que iba a hacer; y tengamos en cuenta que se trata de una época en la que las mujeres eran prácticamente propiedad de los esposos, no tenían voz ni voto. Los actos de Abigaíl eran un desafío que podía costarle muy caro, sobre todo si consideramos todo lo que ya sabemos de Nabal; pero ella escogió una actitud valiente por el bien de su familia. Su otra alternativa era una actitud de autocompasión; sufrir y echarse a morir en espera de lo que David haría con ellos.

Gracias a la actitud valiente de esta mujer, la familia sobrevivió. Y bueno, la historia tiene un final que no hubiéramos podido imaginar porque Nabal murió de un ataque al corazón, según dice el hebreo del Antiguo Testamento y David le pidió a Abigaíl que fuera su esposa.

Tal vez nosotros no tengamos a nadie que venga a atacarnos humanamente, pero la Biblia enseña que tenemos al enemigo de nuestras almas que anda siempre rugiendo en busca de una víctima, y puedes estar segura de que las familias son uno de sus blancos preferidos. Cuando tenemos dificultades en el hogar, con los hijos, en la iglesia, en nuestras relaciones personales, adoptar una actitud de autocompasión no nos lleva a ninguna parte. Una actitud valiente nos da la victoria.

Para Abigaíl hubiera sido fácil decir: “Nabal es el hombre de la casa, ¡que resuelva él!” Pero no lo hizo. ¿Y sabes? Tal vez te has encontrado un Nabal y aunque no es fácil, no justifica el hecho de que no ocupes tu lugar, defiendas de tu familia y busques sabiduría de Dios para tomar decisiones acertadas y valientes que le honren a él.

A muchas nos gusta lo que dice Filipenses 4:13: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”,  y mi esfuerzo implicará que sea valiente, como Abigaíl. El resultado de todo esto estará en manos de Dios.

Dice Proverbios 31 que la mujer virtuosa: “decidida se ciñe la cintura, y se apresta para el trabajo…Se reviste de fuerza… y afronta segura el porvenir”. ¡Eso quiero ser yo! Y me imagino que tú también.

Entonces, mi amiga lectora, tenemos que despojarnos del letargo, la pereza, el temor, que no son otra cosa que un arma más de nuestro enemigo para distraernos de todas las metas y tareas preciosas que Dios nos ha puesto. Sí, tienes que invertir tu mayor esfuerzo en orar y buscar el rostro de Dios, pero luego tendrás que ajustarte bien la falda y caminar con valentía, dispuesta a esforzarte cada día para alcanzar todo aquello que Dios tiene para ti. ¿Fácil? Claro que no. Pero Dios no nos ha dado un espíritu de temor, ni de cobardía, sino de poder en Cristo y mediante su Espíritu Santo. Así que en realidad sí tenemos las herramientas para ser valientes y esforzadas. Solo es cuestión de apoderarnos de esa verdad y estar dispuestas a caminar en ella cada día.

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Bendiciones,

Wendy

© Wendy Bello 2015

 

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