El Dios de toda gracia… después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.
1 Pedro 5:10

Cada día los medios de comunicación nos informan sobre malas noticias, guerras, catástrofes naturales, epidemias, etc. Nuestra vida cotidiana está llena, a diferente escala, de preocupaciones de todo tipo, de tristezas más o menos profundas y duraderas. ¿Cómo enfrentarnos a ellas?

¡Abramos la Biblia! Ella es la Palabra de Dios. Palabra única entre todas las palabras del mundo, palabra sabia, viva, profunda, eficaz y soberana. Nadie puede consolar mejor que ella, nadie reconforta mejor en medio de la tristeza, y ninguna amistad reemplazará el amor de Aquel a quien ella presenta: Jesucristo. El que cree en Jesús lo descubre primeramente como Salvador. Entonces sus ojos se abren, y toda la Biblia toma vida ante él y lo interpela.

En cuanto a usted, a pesar de todo aquello por lo que pueda estar pasando, Dios quiere que sea feliz. Sus pensamientos con respecto a usted son pensamientos de paz, y no de mal, para darle el fin que espera (Jeremías 29:11). Incluso si a veces es difícil admitirlo, atrévase a dar el paso de la fe y emprenda con confianza la lectura de la Biblia. Entonces descubrirá al Salvador y al Amigo que necesita.

Si sufre, lea los salmos: en ellos encontrará las experiencias de muchos creyentes en medio de grandes dificultades. Pero lea también, y sobre todo, los evangelios; estos nos muestran a Jesús, quien vino a la tierra para salvarnos. Medítelos durante los momentos sombríos de su vida y guárdelos preciosamente en su corazón, para que le sirvan de consuelo, y así usted pueda ayudar un día a otros que sufren.

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Josué 14 – Hebreos 13 – Salmo 133 – Proverbios 28:17-18
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