Estad quietos

SALMOS 46:10 “Estad quietos, y conoced que YO soy DIOS…”

Cuando era muy pequeño, mi padre me llevó a pescar en una región montañosa. Al llegar la noche, decidimos acampar en una cañada junto a un arroyo, y en aquel sitio acogedor muy pronto nos entregamos al sueño.

Jamás olvidaré el pánico que me sobrecogió cuando más tarde en plena noche desperté y me di cuenta que no estaba en mi propio lecho. Por un momento dado me creí abandonado en un mundo misterioso y rodeado de peligros. Unas cuantas estrellas se podían contemplar de lo profundo de la cañada y el ruido del arroyo era ensordecedor. Creía oír entre los árboles cercanos las pisadas cautelosas de las fieras. Cuando los latidos violentos del corazón amenazaban asfixiarme, escuché la respiración pausada y tranquila de mi padre que dormía; me acerqué más a él y seguro de que su brazo me protegería de todo peligro, y dormí profundamente.

Con frecuencia en la vida experimentamos esos momentos de pánico y nos atormenta la idea del peligro. Nada hay entonces tan consolador como detenernos y darnos cuenta de la presencia contínua del Padre Celestial, dispuesto a escudarnos y ampararnos.

OREMOS: Padre Nuestro Celestial, concédenos experimentar Tu divina presencia en este día y en todos los momentos de la vida. Nos regocijamos porque eres Tú nuestro Padre y Te deleitas en prestar oportuno socorro a Tus hijos. A Tí sea toda honra y gloria por siempre jamás. Amén.

Sr. D. Ian Smith – El Aposento Alto

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