¡Adiós, zapatos!

zapatos

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigo, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. Hebreos 12:1

Tú y yo, seguramente tenemos algo en común: ¡nos encantan los zapatos! Esto es casi parte del ADN femenino. En mi, ese gusto se ha acrecentado gracias a mi querida cuñada, que se encarga de satisfacerlo. Frecuentemente, me regala zapatos y ¡vaya que sabe escogerlos!

Tenía unos zapatos nuevos para usar en una ocasión especial. Mi esposo fue invitado a predicar a cierta iglesia y pensé que era el momento indicado para estrenarlos. Llegamos temprano, y me sentía bien con mis preciosos y finos zapatos de tacón alto (aclaro que así me gustan). Para sorpresa mía, se anunció que habría una ceremonia bautismal y que no sería en la iglesia, sino en un río cercano. Pensé: “¿Cómo voy a ir al río con estos zapatos?”.

Al llegar, vi que debía caminar cierto trecho entre tierra, piedras y maleza, pero allá fui con mis zapatos. Debía descender hasta la orilla del río, cuyo borde era de puras piedras, y ya se me estaba haciendo doloroso y difícil avanzar. Todos prácticamente corrían, pero  yo intentaba seguir sin caerme ni hacerle mucho daño a mis zapatos. Pero, como tenía un gran deseo de disfrutar de la ceremonia, el sentido común primó ante el glamour y dije: “¡Adiós zapatos!”. Era la única persona descalza, y no me importó. Fui testigo de una emotiva ceremonia bautismal en la que más de veinte personas rindieron su vida a Cristo.

Pregúntate hoy: ¿Habrá algo que está estorbando mi avance en la vida cristiana? A veces, nosotras mismas nos encargamos de poner peso y estorbo en nuestra carrera: malos hábitos, una relación afectiva inconveniente, depresiones, pensamientos negativos. No importa qué es lo que te ata o detiene, yo te animo con las palabras del apóstol: “Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia y corramos…”. No prestes atención a las cosas perecederas; recuerda que un premio te espera al final de la carrera: la corona de la vida. Hoy es un buen día para decirle adiós a esos incómodos “zapatos” y empezar a experimentar el gozo de la plena libertad que Cristo te da.

Tomado de: Lecturas devocionales para Damas 2015
“Jardines del alma”
Por: Diane de Aguirre

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