Buen Dia – No Juzgues


El apóstol Santiago hace una poderosa mención en su carta cuando escribió “Amados hermanos, no hablen mal los unos de los otros. Si se critican y se juzgan entre ustedes, entonces critican y juzgan la ley de Dios. En cambio, les corresponde obedecer la ley, no hacer la función de jueces. Solo Dios, quien ha dado la ley, es el Juez. Solamente él tiene el poder para salvar o destruir. Entonces, ¿qué derecho tienes tú para juzgar a tu prójimo?” (Santiago 4:11-12 – NTV)

Pareciera como si “juzgar a los demás” fuera algo común, al punto que lo pudiéramos considerar como “el pecado favorito de muchos”.
Se establece en el versículo de arriba que “no se debe hablar mal los unos de los otros”; pero parece que algunas personas se han convertido en “expertas en buscar lo que está mal con los demás”.  Se juzga su manera de vestir, la manera de hablar, si hace esto o aquello, si le gusta algo o no le gusta, si eso esta bien o no conforme a su propio criterio; volviéndose jueces implacables.

Se preguntan ¿y por qué los demás no pueden ser más como yo?; otros lo hacen con lenguaje religioso “es que no ayunan como yo lo hago”; “es que oran diferente de como yo lo hago”; “es que hacen lo que no deben hacer”. Son jueces de los defectos y fallas de los demás
Lo más curiosos es que se juzga muchas veces sin darse cuenta de que ellos mismos a menudo “son culpables” de hacer otras cosas; por ejemplo, juzgan al que fuma cigarros, pero ellos comen insaciablemente; juzgan al que llega tarde a los eventos o cultos, pero ellos no se excusan cuando faltan a las actividades. Su orgullo les hace convertirse en seres que se consideran superiores a los demás.

El juicio lo vemos en todo lugar, padres que juzgan a sus hijos injustamente, hijos que se consideran superiores a sus padres y los critican sin motivos reales; se juzga y se encuentran fallas en, los compañeros de trabajo, los jefes, los vecinos, a desconocidos que van por la calle; e incluso a los hermanos(as) de la iglesia.  

A estas personas el Señor Jesús les dice “¿Cómo puedes decirle a tu hermano “Hermano, déjame sacarte la paja que tienes en tu ojo” si no ves la viga que tienes en tu propio ojo?; ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces podrás ver bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano” (Lucas 6:42 – RVC)

El apóstol Santiago, de manera sabia, nos formula la siguiente pregunta: ¿qué derecho tienes tú para juzgar a tu prójimo?; en otras versiones dice “por tu ¿quién eres para que juzgues a otro?”

Y Jesús mismo advierte, “Porque con el juicio con que ustedes juzgan, serán juzgados; y con la medida con que miden, serán medidos”. (Mateo 7:2-5 – RVC)

No, no se trata de ser permisivos con el pecado; pero antes de juzgar, necesitamos mirarnos de cerca. Al hacer una verdadera reflexión sobre nosotros, de seguro llegaremos a la revelación en el Espíritu de que no hay autoridad, ni moral, ni espiritual para quitarle a Dios el puesto de ser jueces. Más bien, miraremos con amor al que peca y lo alcanzaremos para que pueda también el mismo ver su propia viga, sino que seamos nosotros sus jueces.

Oremos hoy así, “Padre, te pido que me ayudes a no juzgar a los demás. Ayúdame a verme internamente primero antes de sacar conclusiones. Hazme como Jesús, para amar al pecador, y para actuar con bondad con quien está equivocado, sabiendo que yo mismo(a) me equivoco todo el tiempo. Lo pido y declaro en el precioso nombre de Jesús, Amén”.

Versículo “…¿qué derecho tienes tú para juzgar a tu prójimo?” Santiago 4:12 (NTV)

Buen Dia
Juan C Quintero
www.buendiatodoslosdias.com