BUEN DÍA – RECONOCE AL SEÑOR

Siendo tú una persona que ha puesto tu fe en Cristo ¿Te ha ocurrido que cuando estás queriendo estar firme en obediencia al Señor y haciendo todas las cosas que crees que un cristiano debe hacer, cuando de repente las cosas comienzan a salir mal, con situaciones que no comprendes o dificultades repentinas que nunca habías experimentado?

Tal vez has tenido luchas con las tentaciones, o con la duda; los negocios no se concretan, o de repente estás si trabajo. Y al experimentar estás situaciones te preguntas ¿qué hice mal, que pecado he cometido para que esto me ocurra a mí?; ¿Por qué Dios ha permitido que esto te sucediera?
Te invito a pensar en esto, ¿y si lo que te sucede no es porque has hecho las cosas mal, sino porque estás haciendo algo bien?

En la Biblia en Efesios capítulo 6, verso 12 se nos da claridad al respecto, cuando dice que “La batalla que libramos no es contra gente de carne y hueso, sino contra principados y potestades, contra los que gobiernan las tinieblas de este mundo, ¡contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes!” (RVR60)

No todo lo que nos pasa tiene una explicación natural, ni la podemos medir justamente con nuestra limitada capacidad mental. Simple y llanamente porque no tienen explicación natural, sino espiritual. Aparecen ataques espirituales que nos hacen entrar en una batalla, en una lucha que no es contra lo natural, sino contra las huestes espirituales de maldad.

Podemos hacer memoria de Job, quien, un día tenía a su hermosa familia, tierras, sirvientes y su vida en general era exitosa; pero de un día para el otro lo perdió todo, pasaba de una noticia mala en otra peor, perdió a sus hijos; perdió sus posesiones materiales y además perdió la salud.

Y para completar, sus amigos no le ayudaban, sino que le trataban de llenarle su cabeza con pensamientos conflictivos, pero la crítica más fuerte la recibió de su propia esposa, quien le dijo “…—¿Todavía mantienes firme tu integridad? ¡Maldice a Dios y muérete!” (Job 2:9 – NVI).

Surge la pregunta, ¿era Job un hombre malo?; no, claro que no, tal y como puedes leerlo en la Biblia, en el libro de su nombre, el libro de Job. Este hombre era generoso, hombre de fe y de gran integridad, pero que recibió ataques espirituales de las huestes del mal.

Pero comprendemos, por revelación, que hubo un momento de quiebre, su situación no terminó mal, al final prevalece la misericordia de Dios, en este libro se comprueba que, aunque las situaciones sean difíciles o muy difíciles, cuando somos fieles a Dios, entonces veremos Su favor, su restauración.

Es clave entonces comprobar que Job, al igual que nosotros tenemos un punto de quiebre, ciertas cosas en tu vida que pueden ser tu punto de inflexión personal, que cuando llegan a ti te pueden convertir en un héroe o en un cobarde. Quizás incluso puedas llegar a desear no haber nacido, porque no ves la salida al final de un oscuro túnel. Pero para Dios siempre hay posibilidades. No hay enfermedad que Dios no pueda curar, ni pobreza que Dios no pueda eliminar. No hay matrimonio que Dios no pueda rescatar, ni tampoco existen negocios que Dios no pueda prosperar. Porque ¡para Dios no hay nada imposible!.

En el libro de Job, capítulo 42, verso 5, este hombre que lo había perdido todo, que llevaba esta enfermedad que parecía incurable, hace una declaración poderosa dice “De oídas te había oído;

Mas ahora mis ojos te ven”. (RVR60). Job llego a reconocer al Dios verdadero. El Dios del que había oído ahora era real para él, así comienza su restauración, al final recupero, su salud, tuvo mas hijos e hijas y recupero también los bienes materiales, solo que multiplicados.

Cuando se llega al punto de reconocer con la certeza en el corazón de quien es Dios para nosotros, entonces la situación cambia, porque ya no se trata de nosotros y de lo que nos digan otros sobre nosotros o sobre la situación, sino de que nuestra fe es tan grande que “hemos podido conocer a Dios”. Proverbios capítulo 3, verso 6, dice sobre Dios, “Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas”. (RVC)

Oremos “Amado Padre celestial, gracias por ser un Dios bondadoso, misericordioso. Se que no me abandonaras jamás, aunque pase por valles de dificultades no temeré, creeré y nunca dejare que nadie me haga dudar de ti, de tu amor y de tu poder. Te reconozco como mi Dios, decido ser obediente a tu Palabra, lo creo y declaro en el Nombre de Jesús, Amén”

Versículo “Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas”. Proverbios 3:6 (RVC)

Buen Dia
Juan C Quintero
www.buendiatodoslosdias.com

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