Buen Dia – Sanar tus emociones


Sentir alegría o tristeza, llorar o reír… todo esto forma parte de nuestra vida. Dios nos dio emociones, así que no funciona ignorarlas por completo.
Es un error tratar de actuar para esconder una emoción. Las emociones deben ser tratadas con el Espíritu Santo de Dios.
Cuando alguien reconoce que tiene desbordadas sus emociones, que se altera fácilmente, grita o llora sin un aparente motivo, entonces debe reconocer que necesita ayuda.
Pero cuidado… porque puedes caer en las manos equivocadas si la ayuda la busca en otras personas inmaduras o mundanas, porque con ellos solo va a recibir consejos inmaduros o mundanos.
Las emociones, al igual que las necesidades físicas hay que satisfacerlas correctamente, por ejemplo, si estás estresado(a), necesitas cambiar la rutina, salir del entorno de estrés y tomar un descanso, tener algo de diversión; si se siente triste por una noticia que recibió, necesita desahogarse para sacar el dolor emocional…
Pero escoja acercarse a personas que sepan cómo edificarte, darte consejo o animarte.
Es un error ignorar las necesidades emocionales, lo sabio es tratarlas.
Conozco personas que cuando tienen una necesidad emocional la guardan y cuando están en grupo desatan su corazón, hablan de más o se muestran como víctimas. Pero esa no es una acción sabia… sabiduría es encontrar a alguien maduro emocional y espiritualmente.
Un hombre buscará otro hombre maduro en el Señor que le guie; una mujer deberá buscar otra mujer madura espiritualmente que le aconseje.
Te recuerdo que somos seres tripartitos, es decir, tenemos alma, cuerpo y espíritu. El cuerpo necesita descanso físico y ejercicio para satisfacer sus necesidades; el espíritu necesita ser lleno del Espíritu Santo de Dios, y el alma necesita sanar y expresar sus emociones con la ayuda del Señor y de las personas que Él coloque.
Oro por sanidad del corazón y las emociones desbordadas de tu vida. Con la ayuda del Espíritu Santo podrás sanarlas y vivir feliz.

Versículo: “¿Por qué voy a inquietarme?, ¿Por qué me voy a angustiar?, En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!”.
Salmos 42:5 (NVI)

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