Creyentes de frontera

Para comprender por qué Rubén, Gad y la mitad de la tribu de Manases habían tomado una mala decisión al solicitar permanecer en el lado Este del Rio Jordán, necesitamos leer Números 32.

En ese capítulo, leemos que tenían una gran cantidad de ganado.  Cuando vieron la tierra de Jazer y la tierra de Galaad, pensaron que era un grandioso lugar para sus reses y decidieron  pedir esta tierra como su heredad.

Moisés se dio cuenta de que no era buena idea, y temía que las doce tribus decidieran quedarse en ese lado del Jordán en lugar de cruzar y conquistar la tierra como Dios había ordenado. Así que accedió a su petición, pero hizo un pacto con ellos.  Tendrían que luchar con el resto de las tribus en el otro lado del Jordán y posteriormente regresar a su heredad al Este del río.

Como vemos posteriormente en el libro de Josué, esto pudo haber sido una
buena decisión para el ganado, pero ciertamente fue una muy mala decisión para
las generaciones futuras. Su ubicación los hizo extremadamente vulnerables, y fueron rápidamente expuestos a las influencias impías, las cuales eventualmente los llevaría a su exilio por los asirios. (1 Crónicas 5:25-26)

Y pues escogieron sus caminos, y su alma amó sus abominaciones; También yo escogeré sus escarnios, y traeré sobre ellos lo que temieron; porque llamé, y nadie respondió; hablé, y no oyeron; antes hicieron lo malo delante de mis ojos, y escogieron lo que a mí me
desagrada.” Isaías 66:3-4

Cuando nos convertimos en “creyentes de frontera” nuestra alma está en
constante peligro de buscar una vida mundana en vez de una vida piadosa.

Estas tribus decidieron obedecer a Dios a su manera y bajo sus propios
términos. Estaban buscando consuelo y tomaron su decisión basándose en lo que vieron.

Dios tiene grandes planes para nuestras vidas (Jeremías 29:11). Él ha designado obras maravillosas para nosotras (Efesios 2:10). Pero aun así pensamos que sabemos más que Dios. En vez de aceptar voluntariamente lo que Él tiene para nosotras, tendemos a hacer otros planes.

Una de las primeras lecciones que aprendí cuando me convertí es que no
hay lugar más peligroso para estar que fuera de la voluntad de Dios.  Puede parecer un sitio cómodo, fácil o “bueno para nuestro ganado”, pero al elegir este lugar, nos perderemos lo que Dios tiene reservado para nosotros.

Quiero que Dios se deleite en mi vida.  Esto me ha llevado a lugares que no hubiera
escogido.  Si  hubiera sólo pensado en mi bienestar o en mi propia comodidad, nunca hubiera escogido quedarme en Venezuela. Es una tierra de escasez e incertidumbre y ciertamente no es el lugar que hubiera elegido para criar a mi familia.

Pero por muy peligroso o incómodo que sea para los estándares humanos,
es el lugar donde Dios quiere que vivamos, crezcamos y le sirvamos.  Dejar el país sin que Dios nos lo indique hacerlo así, sería una mala decisión.

Ser completamente obedientes a los mandamientos de Dios no siempre es fácil. Pero tenemos que saber que cuando estamos haciendo Su voluntad, Él tiene cuidado de nosotras en maneras que nunca pensamos que lo haría.

Tómate un tiempo hoy para ver dónde estás. ¿Es el lugar donde Dios
quiere que estés? ¿O estás al límite de Su voluntad?

Contenta en Su servicio,

Edurne

Fuente Original: Creyentes de frontera