¿Cuidas tu boca?

Todas nosotras luchamos con la lengua. Tal vez no uses las palabras realmente malas, quizás ni siquiera digas palabras desagradables, pero ciertamente luchas con tu lengua. Las palabras que se usan para quejarse, chismear, calumniar, expresar enojo, autocompasión o molestia son muchas formas en las que hacemos mal uso de la lengua que Dios nos dio.

Considera el propósito de tu lengua, o la capacidad dada por Dios para usar palabras. El
propósito de tus palabras es glorificar a Dios mediante el decir la verdad que bendiga a otros. No puedes glorificar a Dios si estás usando tus palabras para quejarte, maldecir, o herir a los demás.

No solo eso, usar nuestra lengua por un lado para bendecir y por otro para maldecir, expone nuestra hipocresía. Hablamos de amar a nuestro prójimo y mostrar amabilidad a
todos quienes nos rodean, y luego nos damos vuelta y arrojamos veneno y daño a
nuestra familia.  Podemos hablar de cómo Dios está en control de todas las cosas, pero cuando nuestro día no transcurre de acuerdo a nuestro plan, usamos nuestras palabras para mostrar que realmente creemos que nuestros planes son mejores que los de Dios.

Si miramos más allá de las palabras que usamos veremos que no son las palabras en sí mismas el problema principal, sino nuestros corazones. Lucas 6:45 nos dice que de la
abundancia del corazón habla la boca. Tus palabras revelan qué es lo que está
sucediendo en tu corazón. Juan Calvino dijo que “la lengua existe para revelar
nuestros corazones”. La forma en que hablamos muestra si somos Cristocéntricas o estamos centradas en nosotras mismas. Muestra lo que apreciamos, lo que tememos y lo que nos controla.  Nuestra lengua dice a los demás qué adoramos y cuáles son nuestros valores, qué odiamos y qué amamos.
¿Qué revelan tus palabras y tu tono de voz acerca de ti?

“¡No hay mejor prueba de la salud del alma, que mirar lo que hay en la lengua!” -C.H. Spurgeon

Nuestras lenguas nos han condenado, pero Cristo nos salva. Solo Jesús puede salvarnos de la corrupción de nuestros corazones que se manifiesta por lo que fluye de nuestras bocas. Solo Jesús puede cambiar nuestros corazones. A través de ese cambio viene la capacidad de aprender sabiduría y ejercer autocontrol para que nuestras palabras glorifiquen a Dios y edifiquen a los demás.

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.”

Proverbios 4:23

Mirando a Jesús,

Jen

Fuente Original: ¿Cuidas tu boca?

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