El fruto del arbol

fresas

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo. El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino. Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa. La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble.

Entonces encontró una planta, una Fresa, floreciendo y más fresca que nunca. El rey preguntó:

  • ¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?
  • No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresas. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: Intentaré ser Fresa de la mejor manera que pueda.

Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con tu fragancia. Simplemente mírate a ti mismo. No hay posibilidad de que seas otra persona. Podéis disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por ti, o puedes marchitarte en tu propia condena…

Enfoquemos nuestras vidas en hacer aquello en lo que somos buenos, ninguno está de mas en esta vida y cada uno tiene una tarea que realizar.  Vivamos confiados que en todos nosotros hay proposito de vida.

“Fuera de esto, según el Señor ha asignado a cada uno, según Dios llamó a cada cual, así ande” 1 Corintios 7:17

-Por Mildred Natera

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