El rey sin dientes

SALMOS 37:30  “La boca del justo imparte sabiduría, y su lengua emite justicia.”

Una sabia y conocida anécdota árabe dice que en una ocasión, un Sultán soñó que había perdido todos los dientes.  Después de despertar, mandó a llamar a un adivino para que interpretase su sueño.

“¡Qué desgracia, mi Señor!” -exclamó el adivino-, “cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra Majestad”.

“¡Qué insolencia!” -gritó el Sultán enfurecido-, “¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa?  ¡Fuera de aquí!”. -Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.-

Más tarde ordenó que le trajesen a otro adivino y también le contó lo que había soñado.  Éste, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo: “¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada… ¡El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes!”

Iluminóse el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó le dieran cien monedas de oro.

Cuando éste salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: “¡No es posible!  La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que la del primer adivino.  No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.”

“Recuerda bien, amigo mío”, -respondió el segundo adivino,- “que todo depende de la forma en el decir las cosas… uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender el arte de comunicarse”.

De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra.  Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, más la forma con que ésta debe ser comunicada es lo que provoca, en algunos casos, grandes problemas.

La verdad puede compararse con una piedra preciosa.  Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado.

ORACIÓN: Gracias Padre Celestial porque a través de Tu Palabra (La Biblia), aprendo más acerca de Ti y de la forma cómo debo proceder.  Gracias porque tus palabras son sabias y me ayudan para bien.  Gracias por las muestras de tu amor.  Ayúdame a saber expresarme con propiedad y ternura.  En el Nombre de Cristo, amén.

 

Mildred Natera
Mildred Naterahttps://www.elversiculodeldia.com
Una sierva para la gloria de Dios!

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