La Navidad…donde comenzó todo

 “Sin embargo, ese tiempo de oscuridad y de desesperación no durará para siempre… El pueblo que camina en oscuridad verá una gran luz. Para aquellos que viven en una tierra de densa oscuridad,  brillará una luz… Pues nos ha nacido un niño” (Isaías 9:1, 2, 6, NTV).

Así comenzó todo.

¿Alguna vez has estado en un apagón? Yo crecí en un país donde los apagones eran algo muy común. Pero por común no dejaban de ser desagradables. De pronto todo se quedaba oscuro. Caminar por las calles en penumbras no tenía ningún atractivo.

Enseguida había que encender velas o lámparas de queroseno. Pero la luz que daban era muy escasa. Más de una vez tuve que estudiar a la luz de ellas, comer así (y no en una cena romántica precisamente).

Lo peor es que nunca sabíamos cuándo regresaría la luz.

Así andaban los israelitas cuando recibieron esta promesa que cité al principio. Vivían en oscuridad, sin esperanza. Y sin saber cuándo se acabaría la desesperación, cuándo vendría “la luz”. En medio de eso, llega la palabra de parte de Dios: vendría la luz para los que estaban en oscuridad, y la luz vendría en forma de niño.

Muchas veces cuando vemos pinturas de la escena de la primera Navidad sus creadores rodean al niño de luz. Y aunque creo que la mayoría de las veces lo hacen pensando en el carácter divino de aquel bebé,  realmente aquella noche llegó la luz al mundo. No solo a los que le recibieron en el momento de su nacimiento, era luz para todos los que andan en tinieblas, en aquel entonces y en los muchos años que le seguirían.

La Navidad comenzó con un anuncio de fin de oscuridad y llegada de luz. Eso es Jesús. Cuando él llega, todo se ilumina. Con razón declaró: “Yo soy la luz del mundo”.

En los apagones nos alumbramos con velas y otras lámparas pero ese tipo de luz solo ilumina un poquito. La luz de Jesús inunda la oscuridad. Las tinieblas huyen ante ella.

¿Conoces esa luz? Si todavía no estás segura, te invito a probar esta “luz” que nunca se apaga, no necesita combustible ni baterías y no hay oscuridad que la pueda opacar. La luz de Jesús iluminará tu corazón y dejarás de caminar a tientas, como en tinieblas, tropezando aquí y allá.

Quiero hacerte una invitación, cuando contemples las lucecitas navideñas que en estos días decoran muchos lugares, míralas de manera diferente. En lugar de pensar en qué lindas son, trata de que se conviertan en un recordatorio de que Navidad es sinónimo de luz…de la luz que nació en Belén y sigue brillando hasta hoy. Que las luces navideñas te recuerden que ahora ves porque un día la luz de Jesús iluminó tu corazón.

Bendiciones,

Wendy

{Este artículo forma parte de la serie “Y se llamará su nombre…” que estoy teniendo en mi página. Puedes visitarla para leer el resto de los artículos wendybello.com}

© Wendy Bello. Todos los derechos reservados.

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