La serpiente de Moisés

Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Juan 3:14-15

La serpiente de Moisés

Cuando, hace muchos siglos, el pueblo de Israel salió de Egipto, cruzó a pie el desierto del Sinaí para llegar a la región de Canaán. Pero ese pueblo, a menudo desanimado, se quejaba, dudaba y acusaba a Dios. No reconocía la bondad de Dios que, hasta ahí, lo había protegido y alimentado milagrosamente cada día. Entonces Dios permitió que unas serpientes cuya mordedura era mortal invadiesen el lugar donde el pueblo había acampado. Esa plaga mató a muchos israelitas. Su jefe, Moisés, oró por el pueblo. Dios le respondió y le ordenó colocar una serpiente de bronce bien visible en un asta, y le dijo: “Cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, viviría” (Números 21:8). Y así sucedió: todo el que era mordido y miraba a la serpiente, vivía, era curado.

Esta mordedura de serpiente es una imagen del pecado que marcó a todos los seres humanos en la tierra. La muerte es su trágica consecuencia. Es ineludible, pero así como en el tiempo de Moisés una mirada de fe a la serpiente bastaba para salvar de la muerte, ahora el que mira a Jesús clavado en la cruz recibe el perdón de sus pecados y la vida eterna.

La serpiente puesta en el asta es una imagen de Jesucristo condenado en la cruz en mi lugar, llevando el castigo que merecían mis pecados. ¿Por qué esa mirada de fe me da la vida eterna? Porque Dios halló satisfacción en el valor de la obra en la cruz y ofrece la vida eterna a todo el que cree. “El poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo… según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús” (2 Timoteo 1:8-9).


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Por: La Buena Semilla.

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