Para cuando la carga se hace muy pesada

Ana, su nombre pudiera traducirse como gracia o favor, o llena de gracia y favor; otra posibilidad es «el que da». El dilema de esta mujer fue el de muchas otras. Si no estás muy familiarizada con su historia, la puedes encontrar en el capítulo uno de 1 Samuel.


Permíteme preguntarte algo, ¿tienes algún deseo no cumplido en tu corazón?


Ana quería tener hijos, pero su anhelo no se hacía realidad. Y aunque en cualquier siglo esto puede ser causa de tristeza, en su caso era mayor porque el valor de una mujer descansaba grandemente en los hijos que tuviera. Pero quiero invitarte a mirar más allá, porque la vida nos presenta retos diferentes a cada una.


Puede que el tuyo sea similar al de Ana. Tal vez no, tal vez tienes hijos, pero los ves alejarse de Dios. Quizá tu dilema está en la soltería, o en la falta de trabajo. A lo mejor estás luchando porque quieres servir a Dios de una manera en particular, convencida de su llamado, pero las puertas todavía no se abren. Puede que tu desafío esté en relaciones difíciles en tu escuela, con tu familia, en tu trabajo. El asunto es que siempre que nos encontramos ante una situación complicada, desafiante, o ante un anhelo no cumplido, ante una espera, tenemos varias alternativas, y de ahí viene la lección que quiero aprendamos de Ana.


El relato bíblico nos indica que llevaba años sufriendo y esperando. Tanto así que llegó al punto de terminar llorando y deprimida, se nos dice que ni siquiera quería comer. Me permito hacer un alto para decirte que si una situación te saca las lágrimas, te quita el apetito, y te embriaga de tristeza, no creas que por eso eres menos fuerte o menos cristiana. ¡Es normal! De hecho, la Biblia nos cuenta que, en un momento dado, ¡hasta Jesús lloró!


Pero un día, Ana tomó una decisión que cambió su vida. Mira lo que dice 1 Samuel 1:9-10:



«Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente.»



Ese día Ana decidió llevar las cosas a otro nivel a pesar de que todavía lloraba y sin dudas seguía esperando su milagro.



¿Qué haces cuando estás en medio de una profunda espera, cuando te sientes muy triste? 



Llamas a una amiga

Ves televisión

Comes helado

Lees la Biblia

Navegas por Internet en busca de soluciones
Hablas con Dios


Aunque no hay nada de malo en llamar a una amiga, ni es necesariamente un pecado comer helado, en las esperas de la vida, en las situaciones difíciles, tenemos que aprender que tomar la misma decisión de Ana.



¿Qué dice Proverbios 18:10? 

«Torre fuerte es el nombre de Jehová; A él correrá el justo, y será levantado».


Dios está preparado para escuchar nuestras frustraciones, está dispuesto a enjugar nuestras lágrimas y abrazarnos. ¡Tantas veces corremos en dirección contraria cuando llegan las dificultades o cuando los anhelos no se cumplen y las esperas se dilatan! 

Pero Ana actuó diferente, y esa decisión transformó su vida. ¿Cómo lo sabemos? Aquí tenemos la respuesta:



«Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste» (1 Samuel 1:18).


Es necesario aclarar algo. Si lees todo el pasaje verás que cuando Ana se fue aquel día del templo, no tenía ninguna garantía de que el anhelo de su corazón se cumpliría. ¿Cuál fue la respuesta del sacerdote Elí?  (v. 17)


«Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho.»


Dicho de otra manera, él la despidió deseándole lo mejor, con una bendición, pero no hay declaración profética alguna para Ana. Sin embargo, ella dejó de estar triste. 

Ana se fue en paz porque dejó su anhelo, aquel deseo profundo, en las manos de Dios. Fue su corazón lo que cambió, no sus circunstancias. Tenemos que aprender a dejar los asuntos en sus manos, vivir la vida que nos ha puesto por delante y soltar la carga. Como dije antes, hay momentos para todo, incluso para llorar; pero como hija de Dios no puedes vivir para siempre en la tristeza. ¿Será eso negar la realidad? ¡No! Eso es aprender a fortalecernos en el gozo del Señor (Nehemías 8:10).


Lee Salmos 55:22.


«Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará;

No dejará para siempre caído al justo.»

¿Es eso lo que haces en tus esperas? Mi amiga lectora, yo no sé cuál es tu dilema, tu batalla, tu anhelo, tu espera; pero ten la certeza de que Dios sí lo conoce muy bien. ¡Corre a sus brazos! Haz como Ana. Llora allí si es necesario. Clama y no te des por vencida. Pero después, ¡alégrate! Confía en que Dios, que te ama, se encargará de todo, y el resultado será el mejor para ti. Incluso cuando parezca que se está demorando demasiado. ¡Decide hoy entregarle tu carga a Dios!

{Este artículo forma parte de “Decisiones que transforman”, un estudio bíblico de 6 semanas que tiene como tema central las decisiones de varias mujeres de la Biblia y cómo podemos aprender de dichas decisiones. Puedes adquirir tu copia aquí. ¡Ahora mismo en oferta especial!}

Bendiciones,

Wendy


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Fuente Original: Para cuando la carga se hace muy pesada