Para un tiempo como este…

Aquí está … la semana con el famoso capítulo con ese famoso verso.

“Para un tiempo como este…”

Parecería una historia romántica llegar a esta parte conocida del libro, pero la verdad
es que las glamorosas escenas “como de película” de banquetes, tratamientos de
belleza, riqueza y honor, quedaron muy atrás al llegar a Ester, capítulo 4.

No hay glamour. No hay gloria. No hay camino fácil desde aquí. Incluso la posición de Ester como reina ya no garantiza su futuro.

Y este camino impredecible, sinuoso y lleno de drama me recuerda mucho a la vida
cristiana. Oh, no nos equivoquemos, sabemos muy bien cómo termina esa historia.
Pero la victoria final no garantiza una vida llena de comodidad.

Recuerdo bien la belleza, la emoción y la alegría abrumadora que tuve al principio de mi
caminata con mi Salvador. Había experimentado el sacrificio de Jesús por mí fresca y nueva, y la gracia me había sacudido hasta lo más profundo. Era joven, esperanzada y estaba dispuesta a arriesgar las cosas de este mundo para elevar el nombre de Aquel que dio su vida por mí.

Y luego, en algún lugar, de alguna manera, en medio de todo el esfuerzo por vivir, la vida se volvió complicada y un poco demasiado cómoda, y esos riesgos, esos sacrificios que alguna vez valieron la pena, de repente parecían demasiado para soportar.

“¿Para un momento como este?” Dios, creo que voy a quedarme aquí. Seguramente ahora es el turno de otra persona…

No fue Dios quien cambió.

No, Dios no se había vuelto menos soberano o menos confiable o menos digno de todo.
Simplemente yo no podía verlo como lo hice una vez.

E incluso ahora en mi humanidad, mi defecto suele ser limitar a Dios antes de que
tenga la oportunidad de actuar. Quiero saber cómo resultará todo antes de
considerar que el riesgo es digno del sacrificio. Pero cuando limitamos a Dios para trabajar a través de nosotras, somos nosotras las que nos lo estamos perdiendo. Mira, decir: “No yo, no ahora …” no limita el cumplimiento del plan de Dios, solo limita nuestra participación en la historia más grande que Él está escribiendo que todavía no podemos ver.

Entonces, ¿cómo nos preparamos para ser usadas ​​por Dios? Considera estas lecciones de Ester, capítulo 4:

1. Invierte sabiamente ahora, porque importará más adelante.

La influencia de Ester no comenzó con una decisión arriesgada en el palacio ese
día. Una serie de elecciones correctas (impulsada por la soberanía) la llevó a
una posición de realeza y respeto, que fue crucial para su efectividad cuando
llegó el momento de defender a su gente. Lo que haces ahora importa. Ya sea que
tengas dieciséis o sesenta años, invertir intencionalmente hoy puede llevarte a
abrir puertas para que Dios te use mañana.

2. Hay un momento para llorar, pero no te quedes allí.

El capítulo 4 comienza con una escena intensa en la que Mardoqueo llora
profundamente por su pueblo, y es comprensible: acaban de ser condenados a
muerte. Sin embargo, piensa en cuán diferente podría haber sido el resultado de
este capítulo si Mardoqueo hubiera continuado en ese papel derrotado. En algún
momento, Mardoqueo tomó la decisión de pasar de alguien en una desesperación
amarga a la de iniciador clave en el plan de acción que salvaría a la nación
judía. Llora durante el tiempo oportuno, pero no dejes que tu lamentación te
quite la esperanza en Dios y dure hasta el punto en que Dios no te pueda usar.
~ “Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.” ~ Salmos 30: 5

3. Prepárate para la batalla al estar primero quieta.

Aunque la oración no se menciona específicamente en este capítulo, se combina con el
ayuno en el Antiguo Testamento. Antes de apresurarse a tomar una decisión
arriesgada, Ester y otras personas pasaron tres días ayunando y orando.
¿Cuántas veces he actuado rápidamente, tomando decisiones apresuradas antes de
consultar al Señor, solo para mirar atrás y lamentar mi prisa? Cuando nos
sometemos humildemente a la autoridad, sabiduría y fortaleza de Dios en nuestra
debilidad, inclinándonos ante Él en reverencia y sumisión, solo entonces
estamos adecuadamente preparadas para la batalla.

4. Reconoce el potencial de su posición.

Dios colocó a Ester en un lugar específico durante un tiempo específico. Su respuesta no fue: “Tal vez más tarde” o “No estoy equipada como algunas” o “Mi vida está en un lugar
bastante bueno en este momento, y realmente no tengo ganas de estropearla”. En cambio, ella tomó posesión de su papel influyente y no retrocedió cuando eso significaba que el camino no sería fácil. Dios nos pone en relaciones en el lugar de trabajo, el hogar, la iglesia, el campo de fútbol, ​​la sala del tribunal, la sala del hospital y miles de lugares intermedios, y nos da cada una de las esferas de influencia únicas donde podemos vivir
audazmente para Él. ¿Reconoces el potencial de tu posición, o estás gastando tu
tiempo deseando desesperadamente que Dios elija a alguien más?

5. Está preparada para asumir los riesgos correctos.

El riesgo es algo complicado, porque hay una profunda diferencia entre el riesgo
tonto y el riesgo exaltador de Dios. Dicho esto, hay muchas historias en la
Biblia donde la gente común asumió riesgos que exaltaban a Dios, lo que llevó a
Dios a usarlos de maneras extraordinarias para Su Reino. En palabras de John
Piper, “Es correcto arriesgarse por la causa de Dios”, y en palabras
de Ester, a veces, por arriesgado que parezca, es correcto decir: “Si
perezco, que perezca”.

6. Recuerda a quién perteneces

Cuando surgen decisiones de riesgo, el final de la historia, la mayoría de las veces,
no siempre será claro. Los resultados no se prometen en este mundo… solo la
victoria final que tenemos a través de Jesús sobre el pecado y la muerte. Pero
con Dios de nuestro lado, podemos decir obedientemente “sí” a donde
nos lleva, porque Su soberanía siempre conduce a nuestro bien y Su gloria.
Cuando pasamos tiempo en la Palabra de Dios, recordando quién es Jesús y lo que
ha hecho por nosotras, una vez más se nos recuerda que estamos seguras en Sus
brazos, que Él es más que capaz de cumplir Su voluntad, y que Él es más que
digno de nuestras vidas …

“No es que seamos competentes en nosotros mismos para reclamar nada por nosotros mismos, Pero nuestra competencia viene de Dios. Por lo tanto, como tenemos esa esperanza, somos muy audaces”. 2 Corintios 3: 5, 12

A Sus pies,

Whitney

*
HABLEMOS: ¿Con cuál de estos seis puntos luchas más? Comparte en la sección de
comentarios a continuación, y tendré el honor de orar por ti esta semana.

Traducido
por Joanna Pérez de Merino

Fuente Original: Para un tiempo como este…