Perdonar es hacerte un regalo a ti mismo

Terminamos hoy esta serie de mensajes relacionada con el perdón. ¡Deseo que haya sido de gran bendición para tu vida, y que te haya animado a perdonar a todos los que te hayan hecho daño!

Cuando nos sentimos lastimados, cuando es difícil perdonar, muy a menudo el miedo se instala en nuestro corazón. Decimos “¡Si le perdono, voy a tener que  reconciliarme con él/ella!”

¡No, no es obligatorio! El proceso del perdón tiene lugar ante todo entre Dios y tú, es un acto de obediencia a Dios. Recuerda el pasaje que leímos ayer: “Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:13).

¡Dios nos pide que perdonemos para así poder reconciliarnos… con Él! No forzosamente para ser amigo(a) de la persona que nos hizo daño.

Por supuesto, si la reconciliación ocurre es estupendo poder emprender de nuevo una relación sana con esa persona. ¡Pero si no es así, no pasa nada, no es algo malo, no es pecado! Lo que Dios te pide a ti es que perdones, que no guardes nada contra esa persona en tu corazón.

Cuando tenemos amargura contra alguien, el estado de nuestro corazón no permite al Espíritu Santo actuar poderosamente en nuestra vida. Es el acto de perdonar al otro lo que restablece la conexión entre nuestro corazón y el corazón del Padre Celestial.

Querido(a) amigo(a), mientras atraviesas por momentos difíciles, me gustaría animarte a escoger lo que realmente es importante para Dios. El camino del perdón no es quizá el más fácil, pero debes tener algo en mente: perdonar es hacerte un regalo…¡a ti mismo(a)!

Gracias por existir, 
Eric Célérier

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