¿Por qué me enfermo?

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“Por tu enojo debido a mis pecados, todo mi cuerpo está enfermo; ¡no tengo un solo hueso sano!…. ¡Confesaré mis pecados, pues me llenan de inquietud!”

Salmo 38:3,18

Conocí una anciana que con mucha tristeza me confesó que ella había vivido muy amargada los últimos años de su vida pues alguien le había dicho que las personas que tenían enfermedades era como consecuencia de sus pecados. Le expliqué que las afecciones en la salud no necesariamente son causadas por el pecado; pero ciertamente hay muchas enfermedades que tienen su raíz en el pecado.

Al menos a esta ancianita le preocupaba el hecho de estar mal ante los ojos de Dios; afortunadamente en el caso de mi anciana vecina solo se trata de achaques de la vejez. Sin embargo en este mundo moderno que vivimos somos cada vez mas atacados por enfermedades que creemos son propias del siglo; pero en realidad tienen su origen en el pecado.

En el salmo 38 David declara a Dios que está enfermo, el describe cada síntoma y dolor que se manifiesta físicamente en su cuerpo; pero en el verso 18 dice “confesaré mis pecados”, usted dirá ¿y qué tiene que ver el pecado con la enfermedad física?

David conocía el origen de su mal, el pecado no confesado, amargura del pasado, resentimiento adherido a su corazón y también él conocía cual era el antídoto perfecto para su enfermedad, la confesión, dejar salir lo que estaba carcomiendo su vida interior.

Confesar los pecados, pedir perdón y perdonar son acciones espirituales que tienen un impacto enorme en lo físico. A usted le sorprendería la cantidad de personas que sufren de enfermedades como taquicardia, stress, ataques al corazón y otros tan simples como una gripe originados por un conflicto no resuelto o por un alejamiento de su relación con Dios.

Muchas enfermedades  graves vienen  como consecuencia del pecado, por ejemplo el sida se originó en la depravación sexual y se evita perfectamente con una relación de pareja monógama como lo manda la Palabra de Dios. Hay otras enfermedades más simples pero que agobian nuestro día a día, ese desanimo, ese agotamiento sin aparente razón, esa depresión, esa ansiedad que nos quitan la paz.

Si usted padece algunos de estos males de salud pídale al Espíritu Santo de Dios que examine su corazón,  confiese sus fallas y si hay alguna persona a la que usted deba perdonar o pedirle perdón, amigo/amiga este es el momento perfecto. Busque esa persona, llámele, escríbale; pero libere su cuerpo de ese azote que le quita la tranquilad en su vida. Hágalo! Este remedio es más económico y efectivo que cualquier otro. Libere su alma y su salud física,  mental y espiritual mejorará notablemente.

DECLARACION: ¡Confesaré mis pecados, pues me llenan de inquietud!”

Oración: Padre maravillo, Señor mío y Dios mío, confieso delante de ti todas mis faltas porque al guardarlas en mi corazón están enfermando mi cuerpo. Espíritu Santo de Dios escudriña mi corazón y muéstrame lo oculto y malo que hay dentro de mí para que sea yo libre de toda opresión en mi vida.  Gracias Jesus, Amen.

 

Devocional de amor

Inspiraciones del Espíritu Santo

Mildred Natera

 

Mildred Natera
Mildred Naterahttps://www.elversiculodeldia.com
Una sierva para la gloria de Dios!

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