Protege la ciudad

El Rey Salomón fue y ha sido el más sabio que ha habitado en la tierra. Uno de sus logros fue construir muchas cosas dentro del pueblo de Israel y entre las edificaciones que construyó, la más importante fue El Templo de Dios, que de antemano Dios le había dicho a David su padre que él lo construiría.

             La Palabra de Dios dice en 1ra. Reyes 9:1-9 “Cuando Salomón hubo acabado la obra de la casa de Jehová, y la casa real, y todo lo que Salomón quiso hacer, Jehová apareció a Salomón la segunda vez, como le había aparecido en Gabaón. Y le dijo Jehová: Yo he oído tu oración y tu ruego que has hecho en mi presencia. Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días. Y si tú anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, en integridad de corazón y en equidad, haciendo todas las cosas que yo te he mandado, y guardando mis estatutos y mis decretos, yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como hablé a David tu padre, diciendo: No faltará varón de tu descendencia en el trono de Israel. Mas si obstinadamente os apartareis de mí vosotros y vuestros hijos, y no guardareis mis mandamientos y mis estatutos que yo he puesto delante de vosotros, sino que fuereis y sirviereis a dioses ajenos, y los adorareis; Yo cortaré a Israel de sobre la faz de la tierra que les he entregado; y esta casa que he santificado a mi nombre, yo la echaré de delante de mí, e Israel será por proverbio y refrán a todos los pueblos; y esta casa, que estaba en estima, cualquiera que pase por ella se asombrará, y se burlará, y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra y a esta casa? Y dirán: Por cuanto dejaron a Jehová su Dios, que había sacado a sus padres de tierra de Egipto, y echaron mano a dioses ajenos, y los adoraron y los sirvieron; por eso ha traído Jehová sobre ellos todo este mal”. También dice en 1ra. Crónicas 17:1-27 David ya vivía tranquilo en su palacio, cuando le dijo al profeta Natán: No está bien que yo viva en un palacio de maderas finas, mientras el cofre del pacto de Dios todavía está en una carpa. Natán le contestó: “Haz lo que creas conveniente, pues Dios te apoya en todo”. Sin embargo, Dios le habló a Natán esa misma noche, y le dijo: “Ve y dile de mi parte a David lo siguiente: David, no serás tú quien me construya una casa. Dime cuándo les pedí a los jefes de Israel que me hicieran una casa de maderas finas. ¡Si desde que los saqué a ustedes de Egipto, siempre he vivido en una carpa! Yo soy el Dios todopoderoso. Yo soy quien te puso al frente de mi pueblo cuando eras un simple pastor de ovejas. Yo soy quien siempre te ha cuidado, y te ha ayudado a derrotar a tus enemigos. Y soy también quien te hará muy famoso en este mundo. También a mi pueblo Israel le he dado un lugar donde pueda vivir en paz. Nadie volverá a molestarlos ni a hacerles daño, como cuando los gobernaban los jueces. Yo haré que de tus descendientes salgan los reyes de Israel, y humillaré a tus enemigos. Después de tu muerte, yo haré que uno de tus hijos llegue a ser rey de mi pueblo. A él sí le permitiré que me construya una casa, y haré que su reino dure para siempre. Yo seré para él como un padre, y él será para mí como un hijo. Y nunca dejaré de amarlo, ni lo abandonaré como abandoné a Saúl”. Entonces Natán fue y le dio el mensaje a David. El rey David fue a la carpa donde estaba el cofre del pacto, se sentó delante de Dios, y le dijo: Mi Dios, ¿cómo puedes darme todo esto si mi familia y yo valemos tan poco? ¿Y cómo es posible que prometas darme aún más, y que siempre bendecirás a mis descendientes? Me tratas como si fuera yo alguien muy importante. ¿Qué más te puedo decir Dios mío, por haberme honrado así, si tú me conoces muy bien? Tú me dejas conocer tus grandes planes, porque así lo has querido. ¡Qué grande eres, Dios mío! ¡Todo lo que de ti sabemos es verdad! ¡No hay ningún otro Dios como tú, ni existe tampoco otra nación como tu pueblo Israel! ¿A qué otra nación la libraste de la esclavitud? ¿A qué otra nación la hiciste tan famosa? Tú hiciste muchos milagros en favor nuestro, y arrojaste lejos de nosotros a las naciones y a sus dioses. Así nosotros hemos llegado a ser tu pueblo, y tú eres nuestro Dios; y esto será así por siempre. Mi Dios, yo te pido que le cumplas a mis descendientes estas promesas que nos acabas de hacer. Haz que ellos se mantengan en tu servicio, para que tu nombre sea siempre reconocido. Y que todo el mundo diga: “El Dios de Israel es el Dios todopoderoso. Dios mío, yo me atrevo a pedirte esto porque tú has dicho que mis descendientes serán siempre los reyes de tu pueblo. Tú eres Dios, y has prometido hacerme bien. Por eso te ruego que bendigas a mis descendientes para que siempre te sirvan, porque a quien tú bendigas le irá bien”.

 RECUERDA, CUANDO SE PROTEGE LA CIUDAD SE ESTÁ PROTEGIENDO ALGO IMPORTANTE. PROTEGER LA CIUDAD TAMBIÉN CONLLEVA PROTEGER LA FAMILIA, PROTEGER LA VIDA Y PARA TENER ESA PROTECCIÓN ES NECESARIO E IMPRESCINDIBLE QUE CRISTO JESÚS GOBIERNE EN NUESTROS CORAZONES Y PARA ELLO DEBEMOS ACEPTAR SU SACRIFICIO Y RECONOCERLO COMO ÚNICO Y SUFICIENTE SALVADOR, REY Y SEÑOR DE NUESTRAS VIDAS. ¿YA LO TIENES CONTIGO? BÚSCALO, ES TIEMPO DE HACERLO.

 

Dios te bendiga,

 Luis Manuel Polanco Schott

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