¿Puedes hacer algo?

Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.
Marcos 9:21,22
 
Al descender Jesús del Monte de la Transfiguración se encuentra  con una situación delicada. Los discípulos estaban rodeados de una multitud y los escribas disputaban con ellos. La razón de la disputa era que un padre había traído a su hijo que tenía un espíritu mudo y los discípulos no habían podido echarlo fuera. Ese espíritu, según el padre, tomaba al muchacho, lo sacudía, hacía que echara espumarajos y que crujiera los dientes.
 
Traen al muchacho ante Jesús y el espíritu sacude a éste con violencia cayendo a tierra revolcándose y echando espumarajos.
 
Ante esta situación Jesús le pregunta al padre: ¿cuánto tiempo hace que le sucede esto?
 
Mi reacción inicial ante esta escena es contrastar la calma que percibo en Jesús al preguntarle al padre: “¿cuánto tiempo hace que le sucede esto?”; con el alboroto con el cual comienza esta historia de unos discípulos rodeados por una gran multitud y los escribas discutiendo con ellos.
 
Viene a mi mente otra imagen bíblica. Los discípulos en una barca tratando de sacar el agua que amenazaba con hacerla hundir y Jesús durmiendo en la parte posterior de la misma. Estos lo despiertan diciéndole: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Jesús se levanta, calma la tempestad y le dice a los discípulos: “¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?”
 
Pablo le escribió a Timoteo: “Deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo;  trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Timoteo 1:4-7)
 
Juan en su primera carta escribió: “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.” (1 Juan 5:4)
 
Hoy por hoy los creyentes tienen que retomar esa fe que espera que Dios puede hacer algo.
 
La situación de no haber podido expulsar el demonio de ese muchacho creó una crisis en los discípulos.
 
Los discípulos le preguntaron aparte a Jesús: “¿Por qué no pudimos echarle fuera?”
 
La crisis en la cual ellos se encuentran es válida.
 
Marcos presenta con anterioridad a esta historia que Jesús había subido a un monte y había llamado a los que el quizo. Y estableció a doce, para que estuviesen con Él y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios. (Marcoa 3:13-15)
 
¿Qué había sucedido con la autoridad que Jesús les había impartido?
 
La respuesta de Jesús a sus discípulos fue: “Éste género con nada puede salir, sino con oración y ayuno” (Marcos 9:29)
 
Rápidamente algunos concluyen que hay unos demonios que son tan poderosos que si no hay oración y ayuno no pueden ser derrotados. Respeto a quienes sostengan esa interpretación pero creo que hay algo más profundo.
 
La oración para mi es símbolo de comunicación con Dios. Implica comunión con Dios. Implica dependencia de Dios. Implica poder de Dios en el creyente para servir al necesitado.
 
Marcos, al presentar la obra que realizaban los discípulos, señala que estos “saliendo predicaban que los hombres se arrepintiesen. Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaba. (Marcos 6:12,13)
 
Hay veces que los creyentes que han tenido éxitos espirituales comienzan a confiar en sus éxitos pasados creyendo que van a repetirse y a veces dejan de recurrir a Cristo.
 
Santiago escribió: “combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís mal”(Santiago 4:2,3)
 
Jesús posteriormente va a instruir a sus discípulos y le va a decir  “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer ….. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.” (Juan 15: 5,7)
 
El ayuno es para mi símbolo de determinación y disciplina. El ayuno implica una intensidad de deseo y propósito que nos hace estar dispuestos a dejar a un lado aun cosas legítimas para poder ver el rostro del Señor y obtener su bendición.
 
Cuando Jesús le pregunta al padre del muchacho: “¿cuánto tiempo hace que le sucede esto?”; la respuesta fue: “desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.” (Marcos 9:21-24) Jesús va a hacer una importante afirmación: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible.” (Marcos 9:23)
 
La fe es de vital importancia para que pueda suceder algo en la vida de una persona.
 
Hubo varias ocasiones en las cuales Jesús elogio la fe de aquellos que se acercaban a Él.
 
Al oírl Jesús la expresión del centurión que tenía su siervo enfermo de que solamente con que Él dijera la palabra, se maravilló, y dijo a los que le seguían: “De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe” (Mateo 8:10)
 
Al ver la fe de los que llevaron ante Él al hombre paralítico por el techo de la casa, dijo al paralítico: “Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.” (Mateo 9:2)
 
Al ser tocado por la mujer de flujo de sangre en el borde de su vestidura se volvió y mirándola, dijo: “Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora”. (Mateo 9:22)
 
Jesús le respondió a la mujer sirofenicia que insistió  con Él para que sanara a su hija: “Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres.” Y su hija fue sanada desde aquella hora. (Mateo 15:28)
 
A Bartimeo el mendigo ciego Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado.” Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino. (Marcos 10:52)
 
Jesús le dijo a la mujer que le ungió:“Tu fe te ha salvado, ve en paz” (Lucas 7:50)
 
Ante la afirmación de Jesús “Si puedes creer, al que cree todo le es posible.” (Marcos 9:23) Este padre que había llevado su hijo ante los discípulos respondió: “Creo; ayuda mi incredulidad.”  (Marcos 9:24)  Estaba reconociendo que su fe era poca. Hay que recordar que los discípulos no habían hacer nada para ayudar a su hijo. Ahora estaba ante Jesús. No obstante lo que le había sucedido hizo una expresión de fe y su hijo fue sanado.
 
Hoy por hoy hay que retomar esa fe que espera que Dios pueda hacer algo. Dios puede hacer algo hoy en ti.

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttps://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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