Púlpito Evangélico – Alguien tiene que mojarse los pies

ALGUIEN TIENE QUE MOJARSE LOS PIES

Pastor, Jorge L. Cintrón

 

“Cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados a la orilla del agua (porque el Jordán suele desbordarse por todas sus orillas todo el tiempo de la siega), las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un montón bien lejos de la ciudad de Adam, que está al lado de Saretán, y las que descendían al mar del Arabá, al Mar Salado, se acabaron, y fueron divididas; y el pueblo pasó en dirección de Jericó.

Josué 3:15,16

 

Le correspondió a Josué introducir el pueblo de Israel a la Tierra Prometida. Israel estuvo cuarenta (40) años en el desierto. Probablemente, a los dos (2) años de haber salido de Egipto el pueblo de Israel se encontró en las fronteras de la Tierra Prometida. Allí se rebelaron contra Dios al escuchar que diez (10) de los doce (12) espías enviados por Moisés a reconocer la Tierra Prometida dijeron que era una tierra en la cual fluía leche y miel, pero que estaba habitada por un pueblo fuerte y que también habitaban en ella gigantes y que no la podrían tomar. Ante esa rebeldía del pueblo Dios determinó que ninguna de las personas del pueblo que en ese momento tuviera de veinte (20) años hacia arriba entraría a la Tierra Prometida, salvo Josué y Caleb, los dos (2) espías que habían dicho que podían tomar la tierra. Ante esa rebeldía Dios determinó que el pueblo estuviera en el desierto cuarenta (40) años hasta que esa generación muriera.

 

Samuel al expresarle a Saúl las consecuencias de haber actuado no siguiendo lo que Dios había establecido le dijo: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.” (1Samuel 15:22–23)

 

Pablo le escribió a los romanos: Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 6:23)

 

El cruce del río Jordán era un acto de suma importancia para el pueblo de Israel. Significaba comenzar a poseer la herencia que Dios le había prometido. Aunque ya dos tribus se habían asentado en territorio antes del Jordán.

Era enfrentar la conquista de la amurallada ciudad de Jericó.

 

Las personas que vivían al otro lado del Jordán conocían algunos de  los portentos que Jehová había hecho con Israel. La historia de cómo Jehová había liberado a Israel de manos de los Egipcios llevándolos a través del Mar Rojo en seco era conocida por ellos. Conocía que Israel había derrotado al rey de los amorreos Sehon que no le había permitido paso por sus tierras. También conocían que habían derrotado a Og, rey de Basan. Rahab, la que protegió a los dos espías que Josué envió a Jericó, les dijo a estos: “Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.” (Josué 2:11) Ante la llegada de Israel lo único que mantenía a los que vivían en esas tierras a la distancia de estos era el río Jordán.

 

El pueblo de Israel que llegó a las orillas de Jordán era un pueblo que no conocía directamente las marcas de ser pueblo de Dios. Era un pueblo nuevo. Un pueblo que había escuchado historias de un Dios poderoso. Antes de ir contra Jericó, Josué, tuvo que circuncidar a los hombres de guerra en Gilgal. (Josué 5:4–6) La circuncisión era la señal de ser parte del pueblo de Dios Un pueblo que había escuchado la historia del cruce del Mar Rojo y ahora se enfrenta al cruce del río Jordán.

 

Las instrucciones para el cruce del Jordán fueron específicas. Tres (3) indicaciones le fueron dadas. El Arca de la Alianza tenía que ir primero. Era la presencia de Dios. Los sacerdotes tenían que llevar el Arca de la Alianza. El pueblo tenía que ir detrás. El milagro se dio. El Jordán se abrió. Tuvo que haber una expresión de fe para que el milagro se diera. El Jordán se abrió cuando las plantas de los pies de los sacerdotes tocaron el agua. Tuvo que haber sacrificio para que el milagro se diera. Los sacerdotes se tuvieron que mojar los pies y tuvieron que mantenerse en el río mientras el pueblo pasaba. Antes que el milagro se realizara hubo santificación

 

Dios quiere hacer cosas hermosas en tu vida y en la de tu familia. ¿Estás dispuesto a mojarte los pies? El Dios del cual has oído testimonios maravillosos está dispuesto a continuar haciéndolos hoy en día. Acepta su sacrificio en la Cruz del Calvario por ti. Vive en santidad. No tengas temor a las aguas de tu Jordán. Sigue adelante. Ellas se abrirán.

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttps://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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