Púlpito Evangélico – EL NUEVO PACTO EN EL REY

EL NUEVO PACTO EN EL REY

PASTOR, JORGE L. CINTRÓN

 

“Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada”. Marcos 14: 22–24

 

"La última cena", es sin duda el título de la obra más conocida de Leonardo da Vinci. Pintada en 1497 y reproducida infinidad de veces. Las figuras que representan a los 12 apóstoles y a Jesús fueron tomadas de personas reales.

 

La primera figura que Leonardo pintó fue la de Cristo. Cuando se supo que Da Vinci pintaría esta obra, cientos de jóvenes se presentaron ante él para ser seleccionados como modelos de Jesús. Da Vinci buscaba un rostro que mostrara una personalidad inocente, pacífica y a la vez bella. Buscaba un rostro libre de las cicatrices y los rasgos duros que deja la vida intranquila del pecado. Finalmente, después de algunos meses de búsqueda seleccionó a un joven de 19 años de edad como su modelo para pintar la figura de Jesús.

 

Durante 6 meses Leonardo da Vinci trabajó para lograr pintar al personaje principal de esta magnánima obra. Se cuenta la historia de que mientras Leonardo Da Vinci pintaba la figura de Jesús en “La última cena” se enojó con un amigo al punto de proferir palabras fuertes y amargas, jurando vengarse contra él. Regresó después a su lienzo y continuó pintando el rostro de Jesús. Sin embargo, descubrió que estaba muy excitado y que apenas podía sostener el pincel entre sus dedos y dar aquellos toques magistrales que hicieron de su lienzo una obra inmortal. Salió inmediatamente en busca de su amigo y humildemente le pidió perdón por las palabras con que lo había herido. Fue entonces cuando sintió dentro de sí la calma interior que le capacitó para dar al rostro de Jesús la expresión tierna y delicada que solo él supo imprimirle.

 

Otra historia señala que durante los siguientes seis (6) años, Da Vinci continuó su obra buscando a las personas que representarían a 11 apóstoles. Dejando para el final a aquel que representaría a Judas, el apóstol que traicionó a Cristo por 30 monedas de plata. Por semanas estuvo Da Vinci buscando a un hombre con una expresión dura y fría. Un rostro marcado por cicatrices de avaricia, decepción, traición, hipocresía y crimen. Un rostro que identificaría a una persona que sin duda alguna traicionaría a su mejor amigo. Después de muchos intentos fallidos en la búsqueda de este modelo llegó a los oídos de Leonardo Da Vinci que existía un hombre con estas características en el calabozo de Roma. Este hombre estaba sentenciado a muerte por haber llevado una vida de robo y asesinatos. Da Vinci viajó a Roma en cuanto supo esto. Este hombre fue llevado ante Da Vinci a la luz del sol. Leonardo vio ante él a un hombre sin vida, un hombre cuyo maltratado cabello largo caía sobre su rostro escondiendo dos ojos llenos de rencor, odio y ruina. Al fin Leonardo Da Vinci había encontrado a quien modelaría a Judas en su obra. Por medio de un permiso del rey, este prisionero fue trasladado a Milán al estudio de Leonardo Da Vinci. Por varios meses este hombre se sentó silenciosamente frente a Da Vinci mientras el artista continuaba con la ardua tarea de plasmar en su obra al personaje que había traicionado a Jesús. Cuando Leonardo dio el último trazo a su obra se volvió a los guardias del prisionero y les dio la orden de que se lo llevaran. Mientras salían del recinto de Da Vinci el prisionero se soltó y corrió hacia Leonardo Da Vinci gritándole:

 

–"¡Da Vinci! ¡Obsérvame! ¿No reconoces quién soy?"

 

Leonardo Da Vinci lo estudió cuidadosamente y le respondió:

 

–"Nunca te había visto en mi vida, hasta aquella tarde fuera del calabozo de Roma."

 

El prisionero levantó sus ojos al cielo, cayó de rodillas al suelo y gritó desesperadamente:

 

–"¡Oh Dios, tan bajo he caído!"

 

Después volvió nuevamente su rostro al artista y le gritó:

 

–"¡Leonardo Da Vinci! Mírame nuevamente, pues, ¡Yo soy aquel joven cuyo rostro escogiste para representar a Cristo hace siete años!"

 

Estas historias sobre el hermoso cuadro de Leonardo Da Vinci pueden servir de preámbulo al nuevo pacto en el Rey,

 

El día antes de su muerte Jesús, el Rey, luego de comer La Pascua estableció un nuevo pacto en Él. Creando así un nuevo pueblo para Dios.

 

Jesús le dijo a Pedro cuando este confesó con sus labios que Él era el Cristo: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. (Mateo 16:18)

 

Marcos señala que Jesús en el Aposento Alto comiendo La Pascua con sus discípulos, la iglesia naciente: “tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada”.

 

Pablo le escribe a la Iglesia en Corinto: “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.” (1 Corintios 11:23–25)

 

El autor de la carta a los Hebreos hace una expresión extraordinaria: “Por tanto Jesús es hecho fiador de un nuevo pacto” (Hebreos 7:22) Posteriormente el escritor de esa carta afirmará sobre ese nuevo pacto; utilizando unas palabras que Dios le había dado al profeta Jeremías siglos atrás: “Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo” (Hebreos 8:10)

 

Pablo lo puntualiza así: “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. ….. Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”. (Romanos 10:9–13)

 

El apóstol Juan escribió en su primera carta: “Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” (1Juan 1:5–7)

 

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”. (1Juan 2:1,2)

 

Durante la celebración de La Pascua, Jesús, el Rey estableció las condiciones para un nuevo pacto con sus discípulos, la iglesia naciente. Los pecados de todos aquellos que reconozcan públicamente a Jesucristo como su Salvador y Señor son borrados. Aquel que reconoce a Jesús como Salvador y Señor nace de nuevo y el pecado ya no tiene consecuencias sobre él porque Cristo Jesús pagó por todos sus pecados en la cruz.

 

Leonardo Da Vinci pinto su gran obra “La última cena” El primer rostro que pintó fue el de Jesús, porque quien da el primer paso para que se establezca un nuevo pacto es Jesús, el Rey. Mientras pintaba el rostro de Jesús se tuvo que detener e ir a pedirle perdón a un amigo con el cual había tenido un gran conflicto; porque aquellos que forman parte de la iglesia tienen que vivir en santidad. Lamentablemente, la persona que sirvió de modelo para que Leonardo Da Vinci pintara el rostro de Jesús siete (7) años después sirvió de modelo para el rostro de Judas Iscariote. Ser parte de la iglesia de Cristo es algo más que asistir a un templo. Si Cristo no reina en el corazón de una persona tarde o temprano las marcas del pecado desfiguraran su vida

 

Hay un nuevo pacto en el Rey. ¿Formas tu parte de ese nuevo pacto?

 

¿Todavía no formas parte de ese nuevo pacto?

 

Esta oración, si la haces con fe, te introducirá al nuevo pueblo de Dios.

 

"Padre, reconozco que soy pecador.

Acepto que Jesucristo es:

Tu Hijo, que es el hijo de Dios,

Que murió en la cruz por mis pecados,

Que Tú, Padre, le levantaste de los muertos.

 

Gracias Jesús por pagar el precio de mis pecados.

Perdóname y hazme una nueva criatura.

Lávame con tu sangre y entra en mi corazón.

Te entrego hoy mi vida.

Te recibo como mi Salvador y Señor.

 

Santo Espíritu ven a mi vida.

Capacítame para vivir cada momento de mi vida de acuerdo a la decisión que hoy he tomado.

 

En el nombre de Jesucristo he orado. Amen"

 

 

N O T A:

 

Si al leer este mensaje quieres recibir a Jesucristo como tu Salvador personal envíame un mensaje a mi correo electrónico. Mi correo electrónico es cadenadeintercesión@yahoo.com Todo correo electrónico será leído solamente por este servidor y mantenido en completa confidencialidad.

 

(Este mensaje fue presentado el jueves 9 de abril de 2020 a las 7:30pm  a través de Facebook Live en la página de Jorge L Cintron. Cuarto mensaje de la CRUZADA DE SEMANA SANTA ONLINE)

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttps://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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