Púlpito Evangélico – EL REY SUFRIÓ POR TI

EL  REY SUFRIÓ  POR  TI

PASTOR, JORGE L CINTRON

 

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Filipenses  2:5–8

 

Un alto funcionario de la reina de Etiopía, que había creído en Jehová, se encaminaba a Jerusalén para adorar. Un ángel de Dios se le apareció a Felipe y le indicó que fuera camino del desierto y allí se encontró con este funcionario de Etiopía que venía en  un carruaje. Felipe se acercó y le escuchó leyendo el rollo del profeta Isaías: “Como oveja a la muerte fue llevado; y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca. En su humillación no se le hizo justicia; mas su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida.” (Hechos 8:31–33) El funcionario de la reina de Etiopía le dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro?” Felipe comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. El funcionario de la reina de Etiopía cuando llegaron a cierta agua, le dijo: “Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?: Felipe le dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Él le respondió: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios”. El alto funcionario de la reina de Etiopía fue  bautizado en aquel instante.

 

La porción del profeta  que leía el funcionario de la reina de Etiopía era el cántico del Siervo Sufriente que aparece en Isaías 53. “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nueras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el caigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Isaías 53:3–5)

 

 La Biblia dice:

 

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23)

 

“Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable.” (Nahúm 1:3)

 

“Porque la paga del pecado es muerte”. (Romanos 6:23)

 

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Crio Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. (Filipenses  2:5–8)

 

Jesús el Rey sufrió por ti.

 

El cántico del Siervo Sufriente siglos antes de que Jesús subiera a la Cruz profetiza el sufrimiento que Jesús tendría por ti.

 

Algunos estudiosos han señalado que Jesús en su sacrificio en la Cruz sufrió las cinco (5) clases de heridas conocidas en la ciencia médica: 1) contusiones, por los golpes que recibió con una caña; 2) Laceraciones, por los azotes; 3) Heridas penetrantes, por la corona de espinas; 4) heridas de perforación, por los clavos; y 5) heridas de incisión por la lanza

 

Jesús, el Rey sufrió vicariamente la paga del pecado por ti. Jesús sufrió en sustitución tuya por tu pecado.

 

Para el tiempo de Jesús no había muerte más terrible que la muerte por crucifixión.

 

Originalmente este medio de ajusticiar a las personas fue empleado por los persas. Clavaban a una persona en una cruz y lo dejaban morir allí, los buitres y los cuervos se encargaban de destrozar el cuerpo.

 

La ley romana establecía que el criminal debía colgar de la cruz hasta que muriera de hambre, de sed, de exposición a los elementos del clima. Esta tortura solía durar varios días. Después de la muerte se tiraba el cuerpo para que las aves de rapiña y los perros se encargaran de ellos.

 

La ley judía establecía que había que sacar los cuerpos y enterrarlos al anochecer.

 

Después de dictarse la sentencia ésta se cumplía inmediatamente. El reo era azotado; era terrible. Se le obligaba a cargar su cruz sobre sus hombros custodiado por cuatro (4) soldados romanos. Había que amarrar y empujar al reo ya que tropezaba por el peso de su cruz. Delante de él iba un oficial romano con un letrero en el que estaba escrito su crimen. Se le hacía caminar por la mayor cantidad de calles con el propósito de que le viera la mayor parte de las personas para que sirviera de ejemplo. Se hacía también con el propósito de que cualquier persona que tuviera “nueva evidencia” la presentase.

 

A este sufrimiento fue sometido Jesús el Rey por ti.

 

El lugar donde se celebraba la crucifixión se llamaba en hebreo Gólgota; el lugar de la calavera. Algunos señalaban que se llamaba así por una leyenda que decía que en aquel lugar se encontraba la calavera de Adán. Otros señalaban que el nombre era producto de las muchas calaveras que había en aquel lugar producto de las crucifixiones. El nombre se le pudo haber dado porque aquel monte tenía la forma de una calavera

 

En el Gólgota Jesús, el Rey sufrió por el pecado de los hombres. Por tu pecado.

 

Leí hace muchos años atrás que en un pueblecillo en México hay una imagen muy  venerada con la fama de ser muy milagrosa, llamada el Cristo Silencioso. Dicha imagen tiene un candado grande en la boca. Se dice que guarda con toda fidelidad cualquier secreto que se le encomienda, pues es el Cristo Silencioso

 

Jesús, el Rey que sufre en el Gólgota abrió sus labios para traer palabras de restauración para la humanidad.

 

La Palabra del Perdón; Padre perdónalos porque no saben lo que hacen.” (Lucas 23:34)

 

Esta palabra une el perdón y el amor. Jesús, el Rey aunque está sufriendo perdona porque entiende la naturaleza humana y porque nos ama. Perdona porque ve posibilidades en el hombre. Posibilidades de que sea mejor. Jesús aunque está sufriendo tiene fe en el hombre. Sufriendo en la cruz está encarnando un amor redentor. No devuelve mal por mal. Un amor que se ofrece sin pedir. Un amor que acepta tal como uno es.

 

Oh Jesús, que en tu dolor

perdonaste  con amor

al rebelde, al malhechor,

¡óyenos , oh Cristo!

 

Cuando en nuestra iniquidad

te ofendemos con crueldad,

De nosotros ten piedad:

¡óyenos, oh Cristo!

 

Danos gracia para amar

y en tus pasos siempre andar,

aprendiendo a perdonar:

¡óyenos, oh Cristo!

 

La Palabra de Reconciliación; De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. (Lucas 23:43)

 

Mientras Jesús, el Rey está sufriendo es injuriado. Jesús esta crucificado entre dos (2) ladrones. Los dos (2) son malos. El hombre es posibilidad. Uno de los ladrones dice: “Si eres el Cristo, Sálvate a ti mismo y a nosotros”. El otro dice: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. La salvación es inmediata. Lamentablemente, algunos esperan a última hora.

 

Oh buen Salvador Jesús,

que al ladrón allá en la cruz

ofreciste vida y luz:

¡óyenos, oh Cristo!

 

Que en vergüenza y confusión

Supliquemos tu perdón

Y encontremos salvación:

¡óyenos, oh Cristo!

 

Oh consuela, buen Pastor,

Al que busca, en su dolor,

Esperanza en ti, Señor:

¡óyenos, oh Cristo!

 

La Palabra del amor filial; Mujer he ahí tu hijo; hijo he ahí tu madre.” (Juan 19:26,27)

 

Es la hora sexta; es el mediodía. Mientras Jesús, el Rey está sufriendo; se conmueve al ver a su madre. Hoy por hoy la familia está en crisis y Jesús está dispuesto a suplir las necesidades de la familia. Jesús está trayendo un nuevo concepto de familia; La familia espiritual.

 

Oh, Jesús, tu gran amor

a los tuyos no olvidó

y hasta el fin los protegió

¡óyenos , oh Cristo!

 

Que podamos compartir

tus peligros, y sentir

que nos guardas hasta el fin:

¡óyenos, oh Cristo!

 

Nada pueda quebrantar

esa comunión y paz

que en familia Tú nos das:

¡óyenos, oh Cristo!

 

La Palabra desesperada Elí, Elí, ¿lama sabactani? Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46)

 

El sufrimiento del Rey ha alcanzado niveles agónicos. Es una  palabra que expresa que Jesús está sintiendo el dolor del sacrificio en la cruz. Él está sintiendo dolor físico. Él está sintiendo el dolor de la separación que produce el pecado de Dios. El pecado tiene consecuencias y esas consecuencias nos alcanzan.

 

Cuando en prueba y aflicción

no se haya luz ni en la oración,

ven, Señor, ten compasión:

¡óyenos , oh Cristo!

 

Que aunque no podamos ver,

ni sentir, ni comprender,

en Dios fíe nuestro ser:

¡óyenos, oh Cristo!

 

Oh Jesús, con qué bondad

nuestra carga de maldad

sufres triste, en soledad:

¡óyenos, oh Cristo!

 

La Palabra de la necesidad material Sed tengo.” (Juan 19:28)

 

El relato bíblico señala que Jesús dijo: “Sed tengo” para que se cumpliese la Escritura. Mas Jesús después de haber sido expuesto al sufrimiento de la cruz tenía verdaderamente sed. Afirma su total humanidad. Puede representar la sed que representa el pecado. Jesús le había dicho a la mujer samaritana: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.” (Juan 4:10) Y en ese dialogo le añadió más adelante: “Cualquiera que bebiere de esa agua, volverá a tener sed; el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás” (Juan 4:13,14) Ahora Jesús, el Rey que sufre, tiene sed

 

Oh Jesús, tu angustia y sed,

tu infinito padecer

ganan toda nuera fe:

¡óyenos , oh Cristo!

 

Que podamos anhelar

sólo hacer tu voluntad

y tu intensa sed saciar

¡óyenos, oh Cristo!

 

Si acosados por el mal,

puedes nuestra sed calmar

en tu santo manantial

¡óyenos, oh Cristo!

 

La Palabra de triunfo; “Consumado es.” (Juan 19:30)

 

Jesús, el Rey ha estado sufriendo. Físicamente está agotado. La muerte es inevitable. ¿Qué está terminado? La maldad humana se ha desencadenado contra Jesús. La suficiencia del hombre. El plan de salvación.

 

 Oh Jesús, completa es ya

nuestra eterna libertad,

por la cual tu vida das:

¡óyenos , oh Cristo!

 

Que aunque no podamos ver,

ni sentir, ni comprender,

en Dios fíe nuero ser:

¡óyenos, oh Cristo!

 

Oh Jesús, con qué bondad

nuestra carga de maldad

sufres triste, en soledad:

¡óyenos, oh Cristo

 

La Palabra de confianza; Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” (Lucas 23:46)

 

Jesús, el Rey que sufre, confiadamente entrega su espíritu. Hay personas que le tienen miedo a la muerte. Jesús dijo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis…… Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto”. (Juan 14:1–3, 6,7)

 

Oh, Jesús, descansa ya,

tu misión cumplida está

halle tu alma plena paz:

¡óyenos , oh Cristo!

 

Cuando llegue nuestro fin

no nos dejes sucumbir,

danos fuerza y calma en ti:

¡óyenos, oh Cristo!

 

Por tu vida y muerte sé

nuestro amparo, hasta volver

tu precioso rostro a ver:

¡óyenos, oh Cristo!

 

Jesús el Rey sufrió por ti.

 

El cántico del Siervo Sufriente siglos antes de que Jesús subiera a la Cruz profetiza el sufrimiento que Jesús tuvo por ti. La cruz fue el lugar en el cual Jesús, el Rey sufrió por ti.

 

¿Qué vas a hacer?

 

Hay un cuento titulado HOY ES VIERNES que recoge en forma breve y dramática la experiencia de tres soldados romanos que acababan de presenciar en el Gólgota la crucifixión de un carpintero nazareno. Regresando a la barraca aquellos tres hombres entran en una taberna para beber. El primero, rápidamente, sin pensar para nada en lo que acaba de contemplar en el Gólgota, pide un trago y se lo bebe. El segundo, de manera fugaz, medita en aquel drama; pero después se sacude el pensamiento, pide un trago y se lo bebe. El tercer soldado está profundamente sumido en la emoción de lo que vio allí, en el dolor de aquel crucificado, en la angustia de aquel inocente y aunque es sacudido por los hombros por sus compañeros no puede ordenar su bebida y sencillamente se limita a repetir: “Parecía un hombre tan bueno, parecía un hombre tan bueno…”

 

Jesús, el Rey, sufrió en la Cruz por ti.

 

¿Qué vas a hacer? El Rey sufrió por ti. Su sufrimiento fue para que tú tuvieras salvación en Él. ¿Por qué no recibes ahora mismo a Jesús el Rey como tu Salvador personal?

 

Esta oración, si la haces con fe, te guiará a reconocer a Jesús como tu Salvador personal.

 

"Padre, reconozco que soy pecador.

Acepto que Jesucristo es:

Tu Hijo, que es el hijo de Dios,

Que murió en la cruz por mis pecados,

Que Tú, Padre, le levantaste de los muertos.

 

Gracias Jesús por pagar el precio de mis pecados.

Perdóname y hazme una nueva criatura.

Lávame con tu sangre y entra en mi corazón.

Te entrego hoy mi vida.

Te recibo como mi Salvador y Señor.

 

Santo Espíritu ven a mi vida.

Capacítame para vivir cada momento de mi vida de acuerdo a la decisión que hoy he tomado.

 

En el nombre de Jesucristo he orado. Amen"

 

 

N O T A S:

 

Si al leer este mensaje quieres recibir a Jesucristo como tu Salvador personal envíame un mensaje a mi correo electrónico. Mi correo electrónico es cadenadeintercesión@yahoo.com  Todo correo electrónico será leído solamente por este servidor y mantenido en completa confidencialidad.

 

(Los poemas utilizados en este mensaje fueron copiados del libro Gemas del Gólgota, Eduardo G. Wyman, Casa Nazarena de Publicaciones)

 

(Este mensaje fue presentado el viernes 10 de abril de 2020 a las 10:00am a través de Facebook Live en la página de Jorge L Cintron. Quinto mensaje de la CRUZADA DE SEMANA SANTA ONLINE)

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttps://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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