Púlpito Evangélico – ESPÍRITU SANTO (II)

EL ESPÍRITU SANTO (2)

PASTOR, JORGE L CINTRÓN

Es una persona y su obrar en el no creyente

 

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” Juan 16:7

 

La iglesia cristiana en el Concilio de Constantinopla I (381dc) trato de establecer claramente todo aquello en lo que debe creer cualquier persona bautizada. Ese Concilio afirmó sobre el Espíritu Santo que Él es Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

 

La doctrina de la Trinidad hace tres afirmaciones: 1) Hay un solo Dios, 2) Cada una de las tres personas de la Trinidad –Padre, Hijo, Espíritu Santo- es Dios. Y 3) El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son personas claramente diferenciadas.

 

La fe cristiana afirma que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad. Es una afirmación de su divinidad. Eso fue tratado en el primer mensaje de esta serie EL ESPÍRITU SANTO (1). Afirmar que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad es afirmar también que es una persona

 

La Biblia enseña que el Espíritu Santo tiene todos los atributos filosóficos que definen a una persona:

 

1)      Intelecto; Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.” (Isaías 11:1-2)

 

2)      Emociones; Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos. (Isaías 63:10) Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. (Efesios 4:30)

 

3)      Voluntad; Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere. (1 Corintios 12:11)

 

4)      Ordena; Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro.” (Hechos 8:29, Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hechos 13:2), Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió.” (Hechos 16:6-7)

 

La obra del Espíritu Santo es una variada en las personas y en el creyente. El Espíritu Santo obra de una forma en el no creyente y de otra forma en el creyente.

 

La primera obra del Espíritu Santo en una persona es llevarle a CONVICCION.

 

Si el Espíritu Santo no llega así a una vida no hay salvación.

 

El Espíritu Santo produce convicción en el no creyente. “Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo”.(1 Corintios 12:3)

 

Llamar a Jesús Señor significa hacer a Jesús el Salvador de la vida. “Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.” (Romanos 10:8b-11)

 

La salvación en la fe cristiana no es por la MENTE – CONVENCIMIENTO. No es por el CORAZON – SENTIMIENTOS. Es por el ESPIRITU – REVELACION.

 

Esa obra la hace el Espíritu Santo. Refiriéndose a esto es que el apóstol Pablo dice en Romanos 8:9-11 “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.”

 

Juan 16:7-11 señala: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.”

 

El Espíritu Santo convencerá de pecado…. “Por cuanto no creen en mí.”. El Espíritu Santo le demuestra a una persona que es culpable de pecado. Los judíos cuando crucificaron a Jesús creían que no estaban pecando, sino que estaban sirviendo a Dios. Pero cuando Pedro predicó en el Aposento Alto aquel mensaje taladró su corazón. El Espíritu Santo hace ver a la persona que es pecador y que Cristo murió por él.

 

El Espíritu convence de justicia…. “por cuanto voy al Padre”. Los que morían en cruz eran criminales. La gente podría entender que Jesús era un criminal… pero el Espíritu le levantó de la tumba y Dios el Padre lo recibió arriba. Porque era justo.

 

El Espíritu convencerá de juicio…. “por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”. La muerte de Jesús no es tan sólo la victoria de Él como Salvador, sino que es la derrota de Satanás. Satanás es vencido en la cruz.

 

James H. Mc Conkey en su libro El triple secreto del Espíritu Santo, publicado por primera vez en español en 1924, presenta que la relación que una persona tenga con Cristo determinará el control que el Espíritu Santo tenga en esa vida.

 

El Rendirse a Cristo, produce la presencia del Espíritu Santo en una persona. “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” (Hechos 2:38-39)

 

El Someterse a Cristo, produce la plenitud del Espíritu Santo en un creyente. “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia”. (Romanos 6:12-13); “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”. (Romanos 12:1)

 

El Tener comunión con Cristo, produce la permanencia del Espíritu Santo en un creyente. “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. (Juan 15:4-5)

 

Saber que el Espíritu Santo es Dios permite al creyente entender mejor la obra que Él realiza en su vida. El Espíritu obrará en la persona de acuerdo a su relación con Cristo.


Jorge Cintron
Jorge Cintronhttps://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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