Fri, 28 February 2020

Púlpito Evangélico – FIELES A DIOS

FIELES A DIOS

Pastor, Jorge L. Cintrón

 

“Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto.He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.”

Daniel 3:16–18

 

Se cuenta de una mujer que se hospedó en un hotel que ella describió como muy singular. Allí ella respiró una deliciosa atmósfera de paz.

 

–Cuando tomamos este hotel– le dijo la propietaria, en cuyo rostro se revelaba la más grande amabilidad, respondiendo a una pregunta, –acabábamos de dejar a Jesús entrar en nuestro corazón, y cuando inspeccionamos todas las cosas, mi esposo y yo llegamos a la conclusión de que no había lugar para Jesús y al mismo tiempo para muchas otras cosas que los hoteles siempre tienen. Así pues, suprimimos el salón de billares, el salón de baile y el salón de juego, y perdimos muchos clientes. Algunas veces nos sentíamos fuertemente tentados, porque nos parecía que ganaríamos mucho dinero en caso de que no nos apegáramos a estas reglas; pero siempre que esto sucedía caíamos de rodillas y decíamos: “Señor, en este hotel habrá siempre lugar para ti, y procuraremos obedecer fielmente lo que nos has dicho: “No hay lugar para mí y para esas cosas al mismo tiempo.”

 

Utilizando un diccionario se podría definir fidelidad como la acción de guardar la fe, la constancia en los afectos, en el cumplimiento de las obligaciones y el no defraudar la confianza depositada en uno.

 

Pablo al escribirle su segunda carta a la Iglesia de los Corintios les señala: “¡Ojalá me toleraseis un poco de locura! Sí, toleradme. Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis.” (2 Corintios 11:1–4)

 

Ser fiel a Dios es un reto que el creyente tiene.

 

Santiago afirma: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.” (Santiago 1:12)

 

El vidente de Apocalipsis comparte con la sufriente Iglesia de Sardis este mensaje de parte del Cristo glorificado: “No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” (Apocalipsis 2:10)

 

El libro de Daniel en el capítula tres (3) presenta la historia de tres hombres, de más o menos cuarenta (40) años; Sadrac, Mesac y Abe–nego, que decidieron ser fieles a Dios. No era la primera vez que ellos habían tomado decisión de ser fieles a Dios. Al llegar a Babilonia teniendo, más o menos, veinte (20) años junto a Daniel decidieron no contaminarse con los ofrecimientos y órdenes del Rey Nabucodonosor,

 

Dios premió esa fidelidad de Daniel, Sadrac, Mesac y Abe–nego  dándoles una sabiduría que sobrepasaba a todos los sabios de aquel reino. Daniel con esa sabiduría interpretó para Nabucodonosor aquella visión que en sueños había tenido y había olvidado sobre lo que estaba por porvenir.

Daniel con sabiduría divina le explicó lo que significaba la visión de aquella gran imagen que presentaba la sucesión de los gobiernos humanos que iban a desarrollarse desde aquel momento hasta el fin de la historia.

 

Esa fidelidad de Daniel, Sadrac, Mesac y Abe–nego hizo que Nabucodonosor engrandeciera a Daniel, y le diera muchos honores y grandes dones, y le hiciera gobernador de toda la provincia de Babilonia, y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia. Además Sadrac, Mesac y Abed-nego fueron puestos sobre los negocios de la provincia de Babilonia.

 

Pasados más o menos veinte (20) años de Sadrac, Mesac y Abed-nego haber decidido ser fieles a Dios nuevamente tienen que confrontarse con la situación de ser fieles a Dios. Ahora no son unos jóvenes exiliados, son unos funcionarios de alta jerarquía en el reino de Nabucodonosor.

 

Nabucodonosor hizo una gran estatua de oro. Su reino estaba en esplendor y consolidado. La estatua tenía una altura como de unos diez (10) pisos, según algunos estudiosos. No se puede precisar a ciencias ciertas de quien era la imagen; probablemente era del Dios Marduk

 

Nabucodonosor ordenó que al dedicarse la estatua toda persona se postrase ante ella y la adorase. Quien no hiciese como Nabucodonosor había ordenado sería echado a un horno de fuego ardiendo.

 

Sadrac, Mesac y Abed-nego  no se postraron ni adoraron la estatua. Fueron acusados ante Nabucodonosor de: 1) No respetar al rey, 2) No adorar a los dioses del rey, y 3) No adorar a la estatua.

 

Nabucodonosor al conocer esto se enojó e hizo que trajesen a Sadrac, Mesac y Abed-nego ante él. Los interrogó, les ordenó que se postrasen en adoración ante la estatua, les advirtió que si no lo hacían serían echados al horno de fuego y que no habría dios que los librase de sus manos.

 

Se le había olvidado a Nabucodonosor lo que hacía veinte (20) años atrás había expresado sobre el Dios de Daniel cuando éste le había interpretado la visión que había olvidado sobre la imagen: “Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes” (Daniel 2:47)

 

La respuesta de Sadrac, Mesac y Abed-nego  fue una contundente de fidelidad a Dios: “No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado. (Daniel 3:16–18)

 

Esa respuesta hizo que Nabucodonosor se llenara de ira y demudara su rostro. Ordenó que el horno se calentase siete (7) veces más de lo acostumbrado. Hombres vigorosos de su ejército los ataron y echaron al horno de fuego. Las llamas del horno mataron a estos soldados.

 

La gran sorpresa de Nabucodonosor fue que al mirar en el horno de fuego vieron cuatro (4) varones en vez de tres (3) paseándose entre las llamas si sufrir daño alguno. Este cuarto (4) varón era semejante a hijo de los dioses. Algunos estudiosos bíblicos entienden que ahí está presente una teofanía. Una manifestación de Dios tangible por los  sentidos humanos.

 

Ante éste hecho tan extraordinario Nabucodonosor llamó a Sadrac, Mesac y Abed-nego para que salieran del horno.

 

Nabucodonosor, al ver la protección divina ante la fidelidad hacia Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, declaró: “Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios. Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste.” (Daniel 3:28–29)

 

La fidelidad a Dios por partes de Sadrac, Mesac , Abed-nego, y Daniel había llevado anteriormente a Nabucodonosor a decir: “Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes”; y ahora señala: “No hay dios que pueda librar como éste.”

 

La fidelidad a Dios del creyente es un testimonio que va abriendo los ojos en los no creyentes para que se vuelvan a Dios.

 

Posteriormente Nabucodonosor va a tener una experiencia de locura, pero al ser restaurado de la misma lo último que sabemos de él en La Biblia es que expresa: “Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia.” (Daniel 4:37)

 

Sadrac, Mesac y Abed-nego, pudieron acceder a la orden de Nabucodonosor de adorar su estatua. Pudieron pensar:

 

  1. Nos podemos inclinar ante ella, pero no la adoraremos de corazón.
  2. No nos convertiremos en idolatras: lo haremos una sola vez y luego le pedimos perdón a Dios.
  3. El rey tiene poder absoluto y hay que obedecerlo; Dios entenderá.
  4. El rey nos dio el puesto que tenemos, hay que ser agradecidos.
  5. No estamos en nuestro país y por lo tanto Dios nos perdonará por seguir las costumbres de este país.
  6. Nuestros antepasados colocaron ídolos en el templo. ¡Eso era peor!
  7. No estamos haciéndole daño a nadie.
  8. Si nos matan y unos paganos ocupan nuestro puesto; ¿quién va a ayudar a nuestra gente en el destierro?

 

Hoy por se necesitan hombres y mujeres fieles a Dios

 

“Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.” (Santiago 1:12)

 

“No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” (Apocalipsis 2:10)

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Jorge Cintron
Jorge Cintronhttps://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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