Púlpito Evangélico – JESÚS ES EL SEÑOR

JESÚS ES EL SEÑOR

Pastor Jorge L Cintrón

 

Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” Filipenses 2:9-11

 

Uno de los pasajes bíblicos más hermoso es Filipenses 2;5-11. Probablemente esta porción bíblica recoge un himno que la iglesia cristiana primitiva cantaba sobre Jesús cuya letra sería más o menos así:

 

Cristo Jesús siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios

como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;

y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte,

y muerte de cruz.

 

Dios le exaltó hasta lo sumo,

y le dio un nombre que es sobre todo nombre,

para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla

de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;

y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor,

para gloria de Dios Padre.

 

Este himno sobre Jesús podría señalar que es un resumen de la historia del proceso de la salvación del hombre en Cristo Jesús.

 

-Antes, si es propia esa expresión, de Jesús ser engendrado en el vientre de la virgen María era Dios.

-Durante su caminar en la tierra Jesús era totalmente hombre.

-Consumado su sacrificio en la Cruz; Jesús es exaltado con toda su gloria primera.

 

El primer credo de la iglesia fue: Jesús es el Señor.

 

Esa expresión, fundamento y credo de la iglesia, era poderosa. Afirmaba que Jesús era Dios. Los judíos decían que Dios era el Adonai –Señor-.

 

Afirmaba que Jesús era el Mesías. Los judíos decían que esperaban el Mesías –el Cristo-.

 

Afirmaba que Jesús era el Rey. Los judíos afirmaban que el Cristo reinaría en el trono de David. Los romanos afirmaban que el César era el Señor.

 

El vidente Juan en Apocalipsis 5:1-4 presenta para mí una escena conmovedora

 

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.”

 

Esa experiencia de tristeza se va a transformar y va a finalizar con una gran alabanza.

 

Primeramente los cuatro seres vivientes, esto es los querubines del Trono de Dios, y los veinticuatro ancianos, la iglesia, comienzan a cantar un nuevo cántico que dice: “Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.” (Apocalipsis 5:8-10) Ese cántico es producto de que hay alguien que es digno de abrir el libro, de leerlo, de mirarlo y Él vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.

 

¿Quién era? El León de la tribu de Judá; la raíz de David; que ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos; un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.

 

Luego se unen a los cuatro seres vivientes y a los veinticuatro ancianos millones de millones de ángeles diciendo a gran voz: “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.”

 

Finalmente Juan oyó a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay decir: “Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos”.

 

Esa experiencia del vidente Juan en Apocalipsis es una que retrata la exaltación de la cual cantaba la segunda estrofa del himno sobre Jesús recogido por Pablo en el capítulo dos (2) de Filipenses.

 

Dios le exaltó hasta lo sumo,

y le dio un nombre que es sobre todo nombre,

para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla

de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;

y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor,

para gloria de Dios Padre.

 

El Cristo de la Iglesia es el Cristo exaltado al cual se le ha dado un nombre sobre todo nombre: Jesús es el Señor

 

En ese nombre hay salvación. Pedro hablando ante el concilio judío dijo que en ese nombre hay salvación.

 

En ese nombre hay justificación. Pablo le escribió a los corintios: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dio.” (I Corintios 6:11) luego de haber enumerado una serie de conductas de aquellos que no heredarán el Reino de los Cielos. En ese nombre el creyente es tomado como si nunca hubiese cometido pecado.

 

Ese nombre provoca la presencia del Espíritu Santo en la vida del creyente. Jesús instruyendo a los discípulos sobre el Espíritu Santo le señaló: Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” (Juan 14:26)

 

Hay una gran promesa en ese nombre. “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.” (Juan 14:12-14)

 

El Cristo de la iglesia ha sido exaltado con un nombre que es sobre todo nombre.

 

Durante su ministerio ese Jesús, que ha recibido un nombre sobre todo nombre, comisionó a setenta discípulos para que fueran de dos en dos delante de Él a toda ciudad en donde el había de ir. Al estos regresar de la labor le dijeron: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.” (Lucas 10:17)

 

Antes de ascender a los cielos ese Cristo le dijo a su iglesia: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” (Marcos 16:15-18)

 

Pedro le dijo al cojo de la Puerta de La Hermosa: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazareth, levantate y anda” (Hechos 3:6) Al Pedro ser interrogado por el concilio judío sobre este milagro su respuesta fue: sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano”. (Hechos 4:10)

 

Dios exaltó hasta lo sumo a Jesús: “y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Filipense 2:9-11)

 

A través  de ese nombre hay salvación, justificación, presencia del Espíritu Santo en la vida del creyente, y una gran promesa de poder.

 

Toda persona debe proclamar que Jesús es su Salvador y su Señor.

 

Si nunca has proclamado que Jesús es tu Señor y Salvador esta oración te puede ayudar a hacerlo,

 

“Padre, reconozco que soy pecador.

Acepto que Jesucristo es:

Tu Hijo, que es el hijo de Dios,

Que murió en la cruz por mis pecados,

Que Tú, Padre, le levantaste de los muertos.

 

Gracias Jesús por pagar el precio de mis pecados.

Perdóname y hazme una nueva criatura.

Lávame con tu sangre y entra en mi corazón.

Te entrego hoy mi vida.

Te recibo como mi Salvador y Señor.

 

Santo Espíritu ven a mi vida.

Capacítame para vivir cada momento de mi vida de acuerdo a la decisión que hoy he tomado.

 

En el nombre de Jesucristo he orado. Amen”

 

N O T A:

 

Si al leer este mensaje quieres recibir a Jesucristo como tu Salvador personal envíame un mensaje a mi correo electrónico. Mi correo electrónico es cadenadeintercesión cadenadeintercesión@yahoo.com Todo correo electrónico será leído solamente por este servidor y mantenido en completa confidencialidad.

 

Este mensaje será presentado el domingo 1 de marzo de 2020 a las 10:15am en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey.

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttps://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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