Púlpito Evangélico – LA MIRADA DE JESÚS

LA MIRADA DE JESÚS

Pastor, Jorge L. Cintron
“Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.” Lucas 19:5
Siempre me ha llamado la atención hacerme un cuadro mental de cómo sería la mirada de Jesús. Me encanta esa frase que utiliza Mateo para describir el encuentro de Zaqueo con Jesús: “Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio”. (Lucas 19:5a)
Zaqueo el jefe de los publicanos al llegar Jesús a Jericó corrió para adelantarse a la multitud y subirse a un árbol sicómoro porque quería ver a Jesús. Y lo logró. Vio a Jesús. Lo que Zaqueo nunca pensó fue que Jesús lo vería a él. Imagínese por un momento el encuentro de esas dos miradas. La mirada de Zaqueo en expectación buscando a Jesús. Los ojos de Jesús moviéndose amorosamente hacia arriba buscando los de Jesús. Ambas miradas encontrándose y luego de una pausa los labios de Jesús abriéndose para decirle a Zaqueo: “Date prisa, desciende, porque es necesario que pose yo en tu casa” (Lucas 19:5) Mientras Zaqueo va descendiendo la multitud rompe el silencio con un murmullo.
La Biblia no nos presenta una descripción física de cómo era Jesús. Menos aún una descripción de sus ojos.
El único acercamiento que talvez podamos hacer a la mirada de Jesús es la que describe el vidente Juan en Apocalipsis. Al iniciar el libro el escritor presenta la visión del Cristo que esta en medio de su iglesia y sobre su mirada dice: “Sus ojos como llama de fuego” (Apocalipsis 1:14) Al llegar casi al final de ese libro el vidente presenta la visión del retorno del Cristo victorioso y señala sobre sus ojos: “sus ojos eran como llama de fuego”. (Apocalipsis 19:12)
Un viejo escrito que se atribuye a un gobernador romano dirigido al emperador hace una descripción física de Jesús. Este escrito aunque carece de autenticidad histórica señala en una parte lo siguiente sobre los ojos de Jesús: “Sus ojos, color gris, limpios y vivos, tienen el poder de los rayos del sol, al grado que ninguno puede permanecer su mirada fija en la suya”. Tomando por valida esa descripción de la mirada de Jesús, talvez, podemos tener una visión de lo que aconteció en Getsemaní al momento de su arresto según lo narra el evangelista Juan. “Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra.” (Juan 18:4-6)
¿Cómo sería esa mirada de Jesús?
Fue una mirada confrontadora.
Al llegar a la casa de Jairo, donde resucitó a la niña muerta: “viendo a los que tocaban flautas, y la gente que hacía alboroto, les dijo: Apartaos, porque la niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él.” (Mateo 9:23,24)
Estando en el templo: “Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas. Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos. Porque todos aquéllos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía.” (Lucas 21:1-4)
El evangelista Marcos presenta en el inicio de su libro que una vez le trajeron un día de reposo a un hombre que tenía la mano seca. Lo hicieron para acosarlo. “mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano.” (Marcos 3:5)
Hay que pensar también en la higuera: “Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.”. (Marcos 11:12-14)
Fue una mirada compasiva
“Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.” (Mateo 5:1-11)
“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.” (Mateo 9:36)
Fue una mirada sanadora
Ante el toque de la mujer de flujo de sangre señala Marco: “Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto. Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.” (Marcos 5:32-34)
Fue una mirada amorosa
Esa fue la mirada que tuvo para el joven rico: “Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz”. (Marcos 10:21)
La mirada de Jesús sobre todas las cosas es una mirada salvadora.
Esa fue la mirada que se encontró con la mirada de Zaqueo. Es por eso que Jesús estando en casa de Zaqueo dijo: “Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” (Lucas 19:9,10)
Esa fue la mirada que también se posó sobre aquel paralítico que bajaron delante de Él en una casa y al cual sanó y también le dijo: “Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados” (Mateo 9:2)
Observar la mirada de Jesús en La Biblia para mí es fascinante. Pero más extraordinario es percibir que su mirada esta posada sobre mí. Esa mirada es confrontadora, compasiva, sanadora, amorosa, salvadora. Zaqueo quería ver a Jesús mas nunca, pienso yo, que se imaginó que Jesús posaría su ojos en él.
La mirada de Jesús sea sobre ti. Esa mirada que es confrontadora, compasiva, sanadora, amorosa, salvadora.

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttps://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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