Púlpito Evangélico – LA PAZ

LA PAZ

PASTOR JORGE L. CINTRÓN

 

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Juan 14:27

 

Se señala que en una ocasión se hizo un certamen de pintura sobre el tema de La Paz. Se esperaba que los que participaran del certamen presentaran cuadros que representaran lo que es La Paz. Varias personas se inscribieron en el certamen. Luego de haberse recibido los trabajos artísticos se convocó una gran exposición donde se exhibirían los mismos, Se señaló que la noche inaugural de la exposición se anunciaría el cuadro ganador. Esa noche el auditorio estaba lleno a capacidad. Los presentes  admiraban cada uno de los cuadros. Todos se encontraban fascinados con la sensación de paz que emanaba de los mismo. En un lugar privilegiado del auditorio había un cuadro cubierto con un gran paño, El mismo estaba identificado como Primer Premio. Todo era expectación en la multitud de personas que se habían dado cita para esa noche inaugural. Llegó el momento de develar el cuadro que había sido seleccionado como Primer Premio. Poco a poco y con mucha delicadeza se le removió la tela que lo cubría. Un gran murmullo lleno el recinto y un sonoro aplauso hizo retumbar el lugar. Era una verdadera obra de arte que representaba lo que es la paz. El pintor había plasmado en el lienzo un bosque azotado por la bravura de una gran tormenta. Mas había pintado en una débil rama de lo mas alto de uno de los árboles a un pequeño pajarito que confiadamente trinaba una melodía.

 

Jesús le dijo a sus discípulos: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

 

Y también les dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” (Juan 14:27)

 

Jesús luego de sanar a la mujer con flujo de sangre le dijo: “Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.” (Marcos 5:34)

 

A la mujer pecadora que en el hogar de Simón el fariseo ungió sus pies con un perfume le dijo primeramente: “Tus pecados te son perdonados.” (Lucas 7:48) Luego le dijo: “Tu fe te ha salvado, ve en paz.” (Lucas 7:50)

 

El evangelista Juan señala que después de haber resucitado Jesús le dijo a sus discípulos en tres (3) ocasiones: “Paz a vosotros.” (Juan 20:19,21,26

 

Un hombre dormía en su cabaña, cuando de repente una luz iluminó la habitación y le apareció Dios. El Señor le dijo que tenía un trabajo para él, y le enseñó una gran roca frente a la cabaña. Le explicó que debía empujar la piedra con todas sus fuerzas.

 

El hombre hizo lo que el Señor le pidió, día tras día. Por muchos años, desde que salía el sol hasta el ocaso, el hombre empujaba la fría piedra con todas sus fuerzas y esta no se movía. Todas las noches el hombre regresaba a su cabaña muy cansado y sintiendo que todos sus esfuerzos eran en vano.

 

Satanás decidió entrar en el juego trayendo pensamientos a la mente del hombre: “Has estado empujando esa roca por mucho tiempo, y no se ha movido”. Le dijo que la tarea que le había sido encomendada era imposible de realizar y que él era un fracaso.

 

Estos pensamientos incrementaron su sentimiento de frustración y desilusión.

 

Satanás le dijo: “¿Por qué esforzarte todo el día en esta tarea imposible? Solo haz un mínimo esfuerzo y será suficiente”.

 

El hombre pensó en poner en práctica esto, pero antes decidió elevar una oración al Señor y confesarle sus sentimientos: “Señor, he trabajado duro por mucho tiempo a tu servicio. He empleado toda mi fuerza para conseguir lo que me pediste, pero aun así, no he podido mover la roca ni un milímetro. ¿Qué pasa? ¿Por qué he fracasado? ”

 

El Señor le respondió con compasión: “Querido hijo, cuando te pedí que me sirvieras y tú aceptaste, te dije que tu tarea era empujar la roca con todas tus fuerzas, y lo has hecho. Nunca dije que esperaba que la movieras. Tu tarea era empujar. Ahora vienes a mí sin fuerzas a decirme que has fracasado, pero ¿en realidad fracasaste? Mírate ahora, tus brazos están fuertes y musculosos, tu espalda fuerte y bronceada, tus manos callosas por la constante presión, tus piernas se han vuelto duras. A pesar de la adversidad, has crecido mucho y tus capacidadades ahora son mayores que las que tuviste alguna vez. Cierto, no has movido la roca, pero tu misión era ser obediente y empujar para ejercitar tu fe en mí. Eso lo has conseguido. Ahora, querido hijo, yo moveré la roca”.

 

Algunas veces, cuando escuchamos la palabra del Señor, tratamos de utilizar nuestro intelecto para descifrar su voluntad, cuando en realidad Dios solo nos pide obediencia y fe en Él. Debemos ejercitar nuestra fe, que mueve montañas, pero conscientes que es Dios quien al final logra moverlas.

 

Cuando todo parezca ir mal… ¡solo empuja! Cuando estés agotado por el trabajo… ¡solo empuja! Cuándo la gente no se comporte de la manera que te parece que debería… ¡solo empuja! Cuando te sientas agotado y sin fuerzas… ¡solo empuja!

 

En los momentos difíciles pide ayuda al Señor y eleva una oración a Él, para que ilumine tu mente y guíe tus pasos.

 

Entrega tus miedos al Señor y pídele que te ayude a encontrar el camino, que te conduzca a Él, y Él lo hará. No hagas caso de ninguna voz, solamente de la que Dios te dio a conocer, y sobre ella mantente firme, porque su Palabra es la que te sostiene y te da descanso, seguridad y esperanza.

 

Se señala que un día el hombre de Dios Juan Wesley estaba caminando con un hombre muy preocupado, que casi parecía dudar de la bondad de Dios.

 

No sé qué haré con todos estos afanes y temores – dijo.

 

En ese momento Wesley notó una vaca que les miraba por encima de un muro de piedra.

 

¿Sabe usted por qué esa vaca mira por encima del muro? – preguntó Wesley.

 

No – respondió el hombre, perturbado.

 

Se lo diré. Es porque no puede ver a través de él.

 

Eso es lo que hay que hacer con el “muro” de los temores. Hay que mirar más alto, por encima de él. La fe nos ayuda a mirar más allá, por encima de las dificultades, al Señor quien es nuestra ayuda.

 

El evangelista cubano, ya fallecido, Dr. Cecilio Arrastía, escribió en una ocasión:

 

Hace muchos años regresé a mi hogar de madrugada después de participar en una campaña de evangelización. Al entrar a la habitación me dijo mi esposa que fuera al cuarto donde estaba nuestra hija. Ella había estado toda la noche muy inquieta, moviéndose en su cuna, sin poder conciliar el sueño. Entré al cuarto donde estaba mi hija de un año más o menos. La oscuridad era total y aún si hubiera abierto sus ojos, no hubiera podido verme. Me acerque a su cuna y sencillamente  mencione su nombre y le dije: “¿qué te pasa?” Estuve allí un breve instante y después volví a mi cuarto. Ella durmió plácidamente el resto de la noche. No había visto la cara del padre, pero al oír su voz y saber que el padre había regresado fue suficiente para que recobrara la paz y conciliara el sueño. El hombre no puede ver a Dios, pero tampoco necesita verlo. Basta con oírlo, con tener conciencia de que Dios está hablándole en Cristo. Esa paz de Dios invadirá su espíritu. Cuando le haya oído su corazón quedará tranquilo.

 

Hay situaciones que se asoman a la vida de una persona que tienden a quitarle la paz.

 

Jesús y sus discípulos se encontraban en una barca. Jesús dormía y sus discípulos se encargaban de controlar la barca. Repentinamente una gran tempestad de vientos se levantó y amenazaba con hundir la barca. Los discípulos trataban de controlar la embarcación. Seguramente perdieron la paz. Despertaron a Jesús y éste levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: “Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza”. (Marcos 4:39) Las dificultades que llegan de momento nos pueden hacer perder la paz.

 

María Magdalena fue el domingo al sepulcro a ungir el cuerpo  de Jesús y lloraba porque se habían llevado a su Señor, y no sabía dónde le habían puesto. La tristeza puede hacer que una persona pierda la paz, Mas Jesús se le apareció y le dijo: María y eso fue suficiente para que ella recuperara la paz y le respondiera Raboni, (Juan 20:16)

 

Después de la crucifixión de Jesús los discípulos por miedo de los judíos estaban a puertas cerradas reunidos en un lugar. El miedo puede hacer que una persona pierda la paz. Jesús se les apareció y les dijo: “Paz a vosotros”. (Juan 20:19)

 

Jesús al acercarse el momento de su crucifixión habló con sus discípulos para prepararlos para aquel evento. A través de ese dialogo con los discípulos puedo puntualizar en tres elementos que pueden ayudar para fortalecer a una persona en la paz.

 

Primeramente, Jesús a preguntas de Felipe le dice a los discípulos: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:6) Conocer quién es Jesús ayuda a una persona a poderse mantener en paz.

 

Conocer la esperanza que Jesús ofrece al creyente fortalece su sentido de paz. Esas extraordinarias palabras de Jesús: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. (Juan 14:1-3)

 

Finalmente, Jesús le dice a sus discípulos: “Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. (Juan14:25-27) Permitirle al Espíritu Santo que controle la vida de uno produce paz,

 

Pablo le escribió a los Filipenses: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. En esto pensad. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros”. Filipenses 4:6-9

 

No permitas que las dificultades, la tristeza, el miedo o cualquier otra cosa atiente contra la paz que Jesús te ha dado.

 

Jesús te dice: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27)

 

La paz que Jesús ofrece comienza a hacerse realidad en uno cuando uno invita a Jesús a que sea su Salvador personal.

 

(Este mensaje fue presentado el domingo19 de abril de 2020 a las 10:15am a través de Facebook Live en la página de Jorge L Cintron.)

  

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttps://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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