Púlpito Evangélico – LAS PROFECÍAS DE DANIEL

LAS PROFECÍAS DE DANIEL son dos mensajes que el Pastor Jorge L. Cintrón predicó el domingo 18 de febrero de 2018 en el PABELLÓN DE ORACIÓN de la Primera Iglesia Bautista de Cayey. TUS ORACIONES FUERON OIDAS fue presentado en el culto de la 10:15am y CERRADAS Y SELLADAS en el culto de las 7:30pm
TUS ORACIONES FUERON OIDAS Pastor Jorge L. Cintrón
“Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos. Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando. Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido.” Daniel 10:10-12
Siendo un joven cortesano, probablemente de unos veinte (20) años, Daniel es sacado de su tierra para ir a formar parte de la corte de Nabucodonosor en Babilonia. Esto sucedió durante la primera deportación a Babilonia cuando ésta conquistó al Reino Judá, o el Reino del Sur. en el año 606 AC. Antes que esta conquista del Reino Judá o Reino del Sur aconteciera el Reino del Norte había sido conquistado por Asiria. Esa conquista del Reino del Norte fue en el año 721AC. Ciento quince (115) años después Judá o el Reino del Sur corre la misma suerte que Israel del Norte, pero ahora es a través de Nabucodonosor y Babilonia. Es que Babilonia había conquistado a Asiria y ahora Babilonia era la gran potencia mundial. Después de Daniel haber sido llevado a Babilonia hubo tres deportaciones más. En el año 586 Jerusalén fue incendiada y derribados sus muros.
Poco a poco surgió en Israel la expectativa sobre cuándo cesaría su exilio. ¿Cuándo el Reino de Israel sería restaurado? También surgió la expectativa de la aparición de El Mesías que sería el libertador de Israel.
Los discípulos de Jesús antes de que este ascendiera a los cielos le formularon la siguiente pregunta ¿Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? (Hechos 1:6)
Jesús les respondió: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad” (Hechos 1:7)
Durante la comparecencia de Jesús ante Pilato se produjo un interesante dialogo.
-Pilato le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos?
-Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?
-Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
-Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.
-Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey?
-Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.” (Juan 18:33-37)
Daniel ejerció su ministerio profético en las cortes de Babilonia y Persia o de Medio-Persa como algunos estudiosos suelen llamar. Sirvió en las cortes de Nabucodonosor y Belsasar, reyes babilónicos. Sirvió en las cortes de Darío y Ciro, reyes persas. Ciro fue el rey que emitió el decreto para que Israel regresara a su tierra en el año 538AC; no obstante Daniel no regresó a Israel.
El libro de Daniel contiene una serie de revelaciones proféticas. Algunas de las cuales están colocadas en el libro fuera de la secuencia histórica en la cual fueron reveladas. Un acercamiento responsable a estas expresiones proféticas tiene que iniciarse desde la perspectiva que las mismas fueron dadas por Daniel para el Israel que anhelaba el surgimiento de un líder –El Mesías- que los liberaría de la opresión y que sería el instrumento para el restablecimiento del reino de Israel.
Al hacer acercamiento a las expectativas judías sobre el restablecimiento del reino de Israel no se puede obviar un movimiento judío de liberación, Los Macabeos, que luchó y consiguió la independencia del tirano Antioco Epifanes IV.
Tampoco se pueden obviar a Los Macabeos que fundaron la dinastía real Asmonea, proclamando la independencia judía en la Tierra de Israel durante un siglo, desde el año 164 al 63 AC.
El imperio Medio-Persa fue conquistado por Alejandro Magno. Así surgió el imperio Griego
El dominio de Alejandro Magno en el imperio Griego fue relativamente corto. A su muerte se desarrollaron unas luchas sobre quien le sucedería. Ahí surge Antioco Epifanes IV quien logro controlar por un periodo de tiempo al Reino de Israel. Este malvado hizo un sacrificio de un cerdo a su dios Zeus en el templo de Jerusalén.
Las revelaciones proféticas del libro de Daniel se pueden enumerar así:
  1. La estatua del sueño de Nabucodonosor (Daniel 2:31-45)
  2. La visión de Daniel de cuatro (4) bestias: 1) león, 2) oso, 3) leopardo, 4) bestia con cuernos (Daniel 7:3-8)
  3. La visión de Daniel del carnero con dos (2) cuernos y el macho cabrío (Daniel 8:1-14)
  4. La explicación de las setenta semanas de Jeremías (Daniel 9:24-27)
  5. La visión del varón de Dios (Daniel 10:1-12:13)
Desde la perspectiva de Israel todas esas revelaciones se resumen en la descripción de:
  1. La sucesión de cuatro (4) imperios que dominaron sobre Israel: Babilonia, Medo-Persa, Grecia y Roma. Aún así Dios está en control de la historia y cuidará de Israel.
  2. Los efectos sobre Israel de las cruentas luchas entre los sucesores de Alejandro Magno.
  3. La presencia en el territorio de Israel del vil Antioco Epifanes IV.
Desde la perspectiva de la iglesia todas esas revelaciones son los precedentes que preparan para el retorno de Cristo.
Las setenta (70) semanas profetizan el ministerio terrenal de Jesús. Ese acercamiento establece que ya se han cumplido las profecías de sesenta y nueve (69) de las semanas. Se afirma que durante el tiempo de la iglesia, en el tiempo actual, hay un paréntesis profético. Luego de ese paréntesis profético comenzará la última semana, la semana setenta (70). Esa semana será la de la tribulación.
Daniel en las postrimerías de su libro se encuentra afligido y tiene una hermosa revelación.
“En aquellos días yo Daniel estuve afligido por espacio de tres semanas. No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron las tres semanas. Y alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón vestido de lino, y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz. Su cuerpo era como de berilo, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud. Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor alguno. Pero oí el sonido de sus palabras; y al oír el sonido de sus palabras, caí sobre mi rostro en un profundo sueño, con mi rostro en tierra. Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos. Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando. Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido. Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia. Mientras me decía estas palabras, estaba yo con los ojos puestos en tierra, y enmudecido. Pero he aquí, uno con semejanza de hijo de hombre tocó mis labios. Entonces abrí mi boca y hablé, y dije al que estaba delante de mí: Señor mío, con la visión me han sobrevenido dolores, y no me queda fuerza. ¿Cómo, pues, podrá el siervo de mi señor hablar con mi señor? Porque al instante me faltó la fuerza, y no me quedó aliento. Y aquel que tenía semejanza de hombre me tocó otra vez, y me fortaleció, y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate. Y mientras él me hablaba, recobré las fuerzas, y dije: Hable mi señor, porque me has fortalecido”. (algunas porciones del capítulo 10 de Daniel)
Hay lecciones que se pueden extraer de estos versos:
  1. Dios siempre oirá las oraciones de sus hijos.
  2. La manifestación de Dios en nuestras experiencia religiosa tienen efectos físicos.
  3. Dios siempre está dispuesto a restaurar a sus hijos.
  4. Nada podrá detener que Dios haga en sus hijos lo que Él quiera hacer.
CERRADAS Y SELLADAS Pastor Jorge L. Cintrón
“Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas? El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin.” Daniel 12:8,9
Desde la perspectiva de Israel todas las revelaciones del libro de Daniel se resumen en:
  1. La descripción de la sucesión de cuatro (4) imperios que dominaron sobre Israel: Babilonia, Medo-Persa, Grecia y Roma. Aun así, Dios está en control de la historia y cuidará de Israel.
  2. Los efectos sobre Israel de las cruentas luchas entre los sucesores de Alejandro Magno.
  3. La presencia en el territorio de Israel del vil Antioco Epifanes IV.
“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad. Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará. Y yo Daniel miré, y he aquí otros dos que estaban en pie, el uno a este lado del río, y el otro al otro lado del río. Y dijo uno al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el fin de estas maravillas? Y oí al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, el cual alzó su diestra y su siniestra al cielo, y juró por el que vive por los siglos, que será por tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo. Y cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas. Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas? El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin”. (Daniel 12:1-9)
Es interesante notar que en la explicación que se la ofrece a Daniel se utiliza la expresión “el tiempo del fin”. Y se hace mención de la resurrección de “unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.”
Desde la perspectiva de la iglesia todas las revelaciones son precedentes que preparan para el retorno de Cristo. Las setenta (70) semanas profetizan el ministerio terrenal de Jesús. Ese acercamiento establece que ya se han cumplido las profecías de sesenta y nueve (69) de las semanas. Se afirma que, durante el tiempo de la iglesia, en el tiempo actual, hay un paréntesis profético. Luego de ese paréntesis profético comenzará la última semana, la semana setenta (70). Esa semana será la de la tribulación.
“En el año primero de Darío hijo de Asuero, de la nación de los medos, que vino a ser rey sobre el reino de los caldeos, en el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años. Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza”. (Daniel 9:1-3)
En el año 539AC el Imperio Babilónico cae derrotado por el Imperio Medo-Persa. Darío es el rey de ese imperio. Al haber este cambio político Daniel parece que piensa que el tiempo del cautiverio de Israel puede haber llegado a su fin. Daniel se vuelve a escudriñar una profecía que había sido presentada por Jeremías.
“Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años. Y cuando sean cumplidos los setenta años, castigaré al rey de Babilonia y a aquella nación por su maldad, ha dicho Jehová, y a la tierra de los caldeos; y la convertiré en desiertos para siempre.” (Jeremías 25:12,13)
“Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar.” (Jeremías 29:10)
El cautiverio de Israel duro más o menos setenta (70) años. Comenzó en el año 606AC y finalizo con el decreto de Ciro en el año 538AC.
La revelación que recibió Daniel fue: “Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios; aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde. Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento. Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión. Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.” (Daniel 9:20-27)
El periodo de cautividad no es de setenta (7) años, sino de setenta (70) semana; esto cuatrocientos noventa (490) años.
1. Vendrá un Mesías Príncipe. Pasarán sesenta y nueve (69) semanas desde que se dé la orden para la restauración y edificación de Jerusalén y la llegada del Mesías Príncipe.
2. Después de las sesenta y nueve (69) semanas se le quitará la vida al Mesías.
3. Un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario.
4. Un príncipe confirmará un pacto por una semana con muchos.
5. A la mitad de la semana se hará cesar el sacrificio y la ofrenda.
6. El desolador vendrá con la muchedumbre de las abominaciones.
7. Vendrá la consumación, y lo que está determinado se derramará sobre el desolador.
Las setenta (70) semanas se subdividen en tres (3) espacios de tiempo: 1) Siete (7) semanas, 2) Sesenta y dos (62) semanas; y 3) Una (1) semana
Los intérpretes bíblicos no han podido descifrar a que se refiere el espacio de tiempo de siete (7) semanas. Generalmente se toman juntos el espacio de tiempo de siete (7) semanas y el espacio de tiempo de sesenta y dos (62) semanas, convirtiéndolo en un espacio de tiempo de sesenta y nueve (69) semanas o 483 años.
Se ha entendido que este periodo de tiempo de cuatrocientos ochenta y tres (483) años comenzó en el año 457AC cuando Artajerjes del imperio Medo-Persa emitió el decreto para que Nehemías pudiera reedificar a Jerusalén (Nehemías 2)
Cuatrocientos ochenta y tres (483) años o sesenta y nueve (69) semanas después del decreto de Artajerjes en el año 26DC Jesús, el Mesías Príncipe, es bautizado en el Río Jordán por Juan el bautista iniciando su ministerio terrenal. Jesús, el Mesías, finalizará su vida cuando le es quitada la vida en la Cruz del Calvario.
El general romano Tito en el año 70DC conquisto a Jerusalén. La ciudad y su templo fueron destruidos el mismo año de su conquista. Tito era el príncipe que había de venir y que destruiría la ciudad y el santuario
Se afirma que, durante el tiempo de la iglesia, el tiempo actual, hay un paréntesis profético. Luego de ese paréntesis profético comenzará la última semana, la semana setenta (70), que será la semana de La Tribulación. El Anticristo, comenzará a manifestarse y hábilmente pactará con las naciones del mundo; incluyendo Israel. A la mitad de la semana, tres años y medios, el Anticristo entrará en conflicto con Israel. Ese conflicto hará que en Israel cese el sacrificio y la ofrenda. Será tiempo difícil cuando el desolador vendrá con la muchedumbre de las abominaciones. Mas cuando todo eso acontezca Jesús vendrá la consumación, y lo que está determinado se derramará sobre el desolador.
Al final de su libro Daniel le expresa al enviado que le ha venido para explicarle la interpretación de las profecías lo siguiente: “Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas?” (Daniel 12:8) Inmediatamente este le responde: “Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin”.: (Daniel 12:9) Aunque Daniel le expresa que no entiende y le pide que le explique el enviado le responde: “estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin”. La respuesta a Daniel es: estas palabras son firmes y se cumplirán: aunque ni aún tú las entenderás.
El libro finaliza con unas palabras de esperanza para Daniel “Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días.” (Daniel 12:13)
A través de los años varias personas desde diferentes perspectivas han tratado de predecir cuando será el tiempo del fin. Algunos han tratado de establecer fechas para el retorno de Cristo. Todas esas predicciones han sido fallidas.
La iglesia no debe de estar inquieta por saber la fecha del retorno de Cristo. La iglesia debe vivir confiadamente sabiendo que un día se encontrará con su Salvador y Señor.
Mientras ese momento llega la iglesia debe continuar entusiasmadamente haciendo la tarea que le fue encomendada: “Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”. (Mateo 28:19-20)

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttps://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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