Púlpito Evangélico – No reine la amargura

 Y ella les respondía: No me llaméis Noemí,  sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso. Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías. ¿Por qué me llamaréis Noemí, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido?”

Rut 1:20,21

 

El salmista cantó: “Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, y me salvará tu diestra. Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos.” (Salmo 138:7,8)

 

La expresión de Noemí fue diferente a la del salmista al regresar a Belén. “No me llaméis Noemí,  sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso. Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías. ¿Por qué me llamaréis Noemí, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido?”

 

La amargura podría ser definida como un sentimiento prolongado de tristeza o pena.

 

La tristeza prolongada que arropaba la vida de Noemí era tal que  al regresar a Belén pide que no la llamen por su nombre porque el mismo significaba “Placentera”. Ella pide que la llamen Mara que significa “Amargura”.

 

El proverbista escribió: La muerte y la vida están en poder de la lengua (Proverbios 18:21). El proverbista también escribió “El corazón  alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos.” (Proverbios 17:22)

 

La amargura llega a Noemí por una serie de tragedias que llegan a su vida. Primeramente muere su esposo Elimelec. Luego mueren su dos (2) hijos Mahlón y Quelión. Estas tragedias llegan a Noemí mientras está viviendo en Moab.

Un hambre arropó a Belén y Elimelec tomó a Noemí y a sus dos hijos y se fue a vivir a Moab.

 

Hay ocasiones que las personas mismas comienzan a provocar las crisis que los llevan a la amargura.

 

La toma de decisiones sin buscar la dirección de Dios puede acercar a una persona a una crisis que produzca amargura. El relato de la historia de Noemí no da detalles de cómo Elimelec tomó  la decisión de salir de la tierra prometida –Belén- para ubicarse en Moab.

 

Cuando se enfrentan situaciones difíciles el creyente en Cristo Jesús debe buscar la dirección de Dios antes de decidir.

 

Elimelec y Noemí cuyos nombres significan  “Mi Dios es Rey”  y “Placentera” llamaron a sus hijos  Mahlón  “Enfermizo” y Quelión “Exterminio”

 

La manera como formemos a los que están cerca de nosotros los pueden acercar a una crisis que produzcan amargura.

 

Unos malos conceptos religiosos pueden agudizar  las crisis que nos llevan a la amargura. Aunque Noemí creía en Dios tenía un concepto equivocado sobre Dios. Al llegar a Belén Noemí responsabiliza a Dios de su amargura:

porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso. ….. Jehová me ha vuelto con las manos vacías…… Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido?” (Rut 1:20-21)Mas al final del libro las mujeres de Belén alaban a Jehová por los cuidados que ha tenido para con Noemí. (Rut 4:14)

 

El primer paso para salir de una situación de amargura es uno aferrarse a su identidad.

 

La Biblia enseña que cuando una persona confiesa a Jesucristo públicamente como el Salvador y Señor de su vida deja de ser una criatura de Dios para convertirse en un hijo de Dios.

 

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Juan 1:12,13)

 

Pablo al escribir la carta a los romanos señala: El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” (Romanos 8:16-18)

 

En medio de la amargura hay que hacer declaraciones de fe.

 

El escritor de 2 Timoteo 1:12 afirmó: “Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.”

Y Juan en su primera carta señaló: “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.”

 

Hay en medio de la amargura acercarse a Dios: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20)

 

 El salmista cantó.

 

Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón;

 Contaré todas tus maravillas.

 Me alegraré y me regocijaré en ti;
Cantaré a tu nombre, oh Altísimo.

Mis enemigos volvieron atrás;
Cayeron y perecieron delante de ti.

Porque has mantenido mi derecho y mi causa;
Te has sentado en el trono juzgando con justicia.

Reprendiste a las naciones, destruiste al malo,
Borraste el nombre de ellos eternamente y para siempre.

Los enemigos han perecido; han quedado desolados para siempre;
Y las ciudades que derribaste,
Su memoria pereció con ellas.

Pero Jehová permanecerá para siempre

 

El dolor que produce la amargura no tiene que reinar por siempre. Dios es el que reina, aún en medio de la amargura. Evita tomar decisiones fuera de la voluntad de Dios. Cuando lleguen a tu vida, por la razón que sea, situaciones que provoquen tristeza no permitas que la amargura reine en ti. Si has conocido a Jesucristo como tu Salvador y Señor personal a tu vida no vendrá nada que Dios no permita que venga. Hay veces que no entendemos porque ha llegado algo a nuestra vida; más Dios sabe.

 

Pablo le escribió a los romanos Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Romanos 8:28)

 

Una mañana, mientras el hábil podador cortaba las ramas de una vid ésta se rebeló contra él y le increpó de esta manera

-¿Por qué me hieres tan despiadadamente? ¿Es que no te das cuenta que me causas dolor?

-¡Cállate, planta importuna! Tú no sabes lo que te conviene a ti ni alcanzas a comprender mis propósitos –le respondió el podador

-Yo solo sé que cortas mis ramas. ¿Cómo puede convenirme esto que causa un dolor tan profundo?

-Ya verás cuando venga la primavera, ¡cuántos nuevos retoños aparecerá. Y allá para el otoño, ¡cuántos racimos hermosos y bien nutridos! Ten paciencia y ya veremos.

Y todo sucedió como el hábil podador había dicho.


Jorge Cintron
Jorge Cintronhttps://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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