Púlpito Evangélico – – PERSEVERAD EN LA ORACIÓN

PERSEVERAD EN LA ORACIÓN

Pastor, Jorge L. Cintrón

 

Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron. Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró.Lucas 22:39-41

 

Uno de los momentos más intenso de la vida de Jesús fue cuando estuvo en el Huerto de Getsemaní orando. Su oración era: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa”, aunque su oración continuaba, “pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”  Su sometimiento era total: “pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”  No obstante ese sometimiento a su Padre su oración era angustiosa.

 

Jesús se había separado de ocho (8) de sus apóstoles, Judas no estaba con ellos, llevando más adelante a Pedro, Jacobo y Juan. Estando con estos tres (3) apóstoles “comenzó a entristecerse y les dijo: ‘Mi alma está muy triste, hasta la muerte”.

 

Ese momento de oración fue tan angustioso que Lucas  lo describe así “Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.”.

 

Jesús sabía a qué se iba a enfrentar. No había muerte más terrible que la muerte por crucifixión.

 

Originalmente este medio de ajusticiar a las personas fue empleado por los persas.

 

Clavaban a una persona en una cruz y lo dejaban morir allí, los buitres y los cuervos se encargaban de destrozar el cuerpo.

 

La ley romana establecía que el criminal debía colgar de la cruz hasta que muriera de hambre, de sed, de exposición a los elementos del clima. Esta tortura solía durar varios días.

 

Después de la muerte se tiraba el cuerpo para que las aves de rapiña y los perros se encargaran de ellos. La ley judía establecía que había que sacar los cuerpos y enterrarlos al anochecer.

 

Después de dictarse la sentencia esta se cumplía inmediatamente. El reo era azotado; era terrible. Se le obligaba a cargar su cruz sobre sus hombros custodiado por cuatro (4) soldados romanos. Había que amarrar y empujar al reo ya que tropezaba por el peso de su cruz.

 

Delante de él iba un oficial romano con un letrero en el que estaba escrito su crimen. Se le hacía caminar por la mayor cantidad de calles con el propósito de que le viera la mayor parte de las personas para que sirviera de ejemplo.

 

A este sufrimiento se enfrentaría Jesús.

 

El sufrimiento al que se iba a enfrentar Jesús era mayor aún. El autor de 1 Pedro señala que Jesús mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuéramos sanados. (1 Pedro 2:24) Es por eso que Jesús clamó desde la Cruz: “Elí, Elí, ¿lama sabactani? …..Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”

 

La vida de oración de Jesús es un reto para que el creyente desarrolle una vida de oración profunda y constante.

 

Los evangelistas señalan que Jesús regularmente tenía experiencias de oración.

 

Marcos señala que “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba”. (Marcos 1:35) Lucas señala también que “Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades. Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.” (Lucas 5:15,16)

 

Hice un pequeño conteo y descubrí que por lo menos en el ministerio de Jesús hay 22 referencias a su vida de oración.

 

¿Por qué tenía que Jesús orar si el era Dios? Yo creo que la  respuesta a esta pregunta es muy importante.

 

Pablo escribiéndole a los  filipenses dice sobre la encarnación de la segunda persona de la trinidad en Jesús: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres.” (Filipenses 2: 5-7)

 

La Biblia enseña que todo el ministerio  que Cristo realizó entre los hombres lo hizo en la unción del Espíritu Santo. El no dejo de ser Dios nunca, pero decidió desarrollar todo su ministerio con su naturaleza humana. Por eso necesitaba mantener esa relación con el Padre a través de la oración. Es por eso que Jesús según el evangelista Juan hace una afirmación extraordinaria: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.” (Juan 14:12-14)

 

Mientras Jesús  tenía una experiencia angustiosa de oración en el Huerto de Getsemani  su grupo íntimo de discípulos, Pedro, Jacobo y Juan, dormían.

 

Al irse a apartarse de ellos, a distancia como de un tiro de piedra, Jesús les dijo: “Orad que no entréis en tentación.”

 

“Cuando vino a sus discípulos nuevamente, los halló durmiendo a causa de la tristeza; y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación.”

 

El apóstol Pablo escribió en su epístola a los Efesios

 

“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.” (Efesios 6:10-13)

 

Y luego añadió: “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”. (Efesios 6:18)

 

¿Qué sucedió después de aquel momento intenso de oración de Jesús? Jesús fue arrestado, sometido a juicio y crucificado.

 

Sucedió algo más. Pedro trató de defender a Jesús sacando una espada y cortándole una oreja a uno de los que acompañaba el grupo que iba a arrestarlo. Cuando Pedro fue identificado como uno de los discípulos de Jesús, le negó. Mientras Jesús era crucificado se mantuvo a la distancia.

 

Me pregunto ¿qué hubiese pasado si Pedro en vez de haber estado durmiendo mientras Jesús oraba en Getsemaní si él hubiese estado orando también. Jesús se lo había advertido: “Orad que no entréis en tentación.”

 

¿Cómo sería tu vida si le dedicases más tiempo a perseverar en la oración?

 

(Este mensaje será presentado el domingo 9 de marzo de 2019 a las 10:15am en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey)

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttps://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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