Púlpito Evangélico – SUJETOS AL ESPÍRITU

SUJETOS AL ESPÍRITU

Pastor, Jorge L. Cintrón

 

“Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas. Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos. Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.

Hechos 16:6–10

 

La iglesia cristiana trato en el Concilio de Constantinopla I (381dc) de establecer claramente todo aquello en lo que debe creer cualquier persona bautizada. Ese Concilio afirmó, entre otras cosas, sobre el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo. Que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria. Que habló por los profetas.

 

La vida de Pablo fue una vida sujeta al Espíritu.

 

Pablo al escribirle a los corintios establece que quién se le apareció en el camino de Damasco fue el Cristo resucitado. Quien evangelizó a Saulo para que este se convirtiera en Pablo, un creyente, fue el mismo Jesús. “Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” (1 Corintios 15:7–10)

 

La experiencia del camino de Damasco marcó físicamente a Pablo. Quedo ciego. Luego el Cristo resucitado se le apareció a un discípulo llamado Ananías y le dio instrucciones específicas para que fuera a ver a Pablo. Cuando Ananías llegó donde estaba Pablo imponiéndole las manos le dijo: “Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.” (Hechos 9:17–19) Resulta interesante que el Cristo resucitado que fue quien “evangelizara” a Pablo no le bautizara con el Espíritu Santo el mismo en el camino de Damasco y enviase luego a Ananías a hacer esa tarea.

 

Pablo fue el gran misionero de la iglesia primitiva, pero esa tarea él no la realizó porque creyera que era correcto hacerlo. Lo hizo en obediencia al Espíritu Santo. Pablo era parte de la comunidad cristiana de Antioquía y en una ocasión “Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron”. (Hechos 13:2–3) Su labor misionera estuvo sujeta a las directrices que le daba el Espíritu Santo: “Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas. Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos. Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.” (Hechos 16:6–10)

 

Pablo es ejemplo de un creyente sujeto al Espíritu.

 

A través de los años se han creado infinidad de controversias en la iglesia en torno a la labor del Espíritu Santo.

 

Una de esas controversias está relacionada con la experiencia del bautismo del Espíritu Santo. La expresión bautismo relacionada con el Espíritu Santo es utilizada por Juan el bautista al establecer que Jesús, a quien él anuncia, bautizaría con Espíritu Santo. “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego”. (Mateo 3:11) (Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:33.) Esa expresión también es utilizada por Jesús “Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.” Hechos 1:5

 

La controversia mayor se relaciona con que si el bautismo del Espíritu Santo es una experiencia simultánea con la conversión o si es una experiencia posterior ‘segunda experiencia’ a la conversión.

 

Hay expresiones bíblicas que pueden ser utilizadas para sostener ambas posturas.

 

Los siguientes pasajes Bíblicos pueden ser argumentos a favor de que es una experiencia simultánea con la conversión.

 

“Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. (Romanos 8:5-11)

 

“Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.” (1 Corintios 12:3)

 “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.” (Hechos 2:37-40)

 

“Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo.” (Hechos 19:1–2)

 

Es interesante señalar que la expresión que utiliza Lucas para describir lo que aconteció en el Aposento Alto el día de Pentecostés “fueron todos llenos del Espíritu Santo” (Hechos 2:4) es la misma expresión que él va a utilizar al describir lo que aconteció cuando los apóstoles levantaron oración al comenzar la persecución de la iglesia, (Hechos 4:31).

 

Los siguientes pasajes Bíblicos pueden ser argumentos a favor de que el bautismo del  Espíritu  Santo  sea  una  experiencia posterior a la conversión

 

“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13)

“Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.” (Hechos 9:17)

 

“Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús.Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.” (Hechos 8:14–17)

 

“Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.” (Hechos 19:1–6)

 

La obra del Espíritu Santo es una variada en las personas y en el creyente. El Espíritu Santo obra de una forma en el no creyente y de otra forma en el creyente.

 

La primera obra del Espíritu Santo en una persona es llevarle a CONVICCION.

 

Si el Espíritu Santo no llega así a una vida no hay salvación. El Espíritu Santo produce convicción en el no creyente. “Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.” (1 Corintios 12:3). Llamar  a Jesús Señor significa hacer a Jesús el Salvador de la vida. “Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.” (Romanos 10:8b-11)

 

La salvación en la fe cristiana no es por la MENTE – CONVENCIMIENTO. No es por el CORAZON – SENTIMIENTOS. Es por el ESPIRITU – REVELACION. Esa obra la hace el Espíritu Santo. Refiriéndose a esto es que el apóstol Pablo señala en Romanos 8:9-11: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.”

 

El Espíritu SELLA AL CREYENTE,

 

“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13).

 

El Espíritu identifica a una persona como que ha creído. Es propiedad de Cristo. Los SELLOS se utilizaban en la antigüedad, entre otras cosas para establecer pertenencia –propiedad- …. le pertenece a.

 

El creyente tiene la autoridad de Cristo.

 

El SELLO se utilizaba para establecer la autenticidad de un documento…. este documento tiene la autoridad de quien lo sello.

 

¿Por qué es necesario el SELLO DEL ESPIRITU? 

 

Para  que  las  huestes  de  maldad   que  tienen controladas las vidas de las personas cuando no han conocido a  Cristo reciban el mensaje de que éste es de Cristo  y la autoridad de Cristo está sobre él.

 

“Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación.” (Mateo 12:43-45)

 

“Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo, de tal manera que aún se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían. Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois? Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos. Y esto fue notorio a todos los que habitaban en Efeso, así judíos como griegos; y tuvieron temor todos ellos, y era magnificado el nombre del Señor Jesús.” (Hechos 19:11-17).

 

El Espíritu MORA EN EL CREYENTE.

 

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.” (Gálatas 5:16-24)

 

Al morar en el creyente produce el FRUTO DEL ESPÍRITU. El FRUTO DEL ESPÍRITU se manifiesta de nueve (9) formas particulares. El FRUTO DEL ESPÍRITU, en forma sencilla, es reproducir el carácter de Cristo Jesús en el creyente.

 

El Espíritu da DONES.

 

Los DONES capacitan al creyente para que desempeñe la labor que le ha asignado en el Cuerpo de Cristo.

 

La Biblia presenta cuatro listas de dones espirituales:

 

“No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales. Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos. Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo. Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere”. (1 Corintios 12:1-11)

 

“Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas”. (1 Corintios 12:28)

 

“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.” (Romanos 12:3-8)

 

“Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:7-12)

 

James H. Mc Conkey en su libro El triple secreto del Espíritu Santo, publicado por primera vez en español en 1924, presenta que la relación que una persona tenga con Cristo determinará el control que el Espíritu Santo tenga en esa vida.

 

El Rendirse a Cristo, produce la presencia del Espíritu Santo en una persona.

 

“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” (Hechos 2:38,39)

 

El Someterse a Cristo, produce la plenitud del Espíritu Santo en un creyente.

 

“No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia”. (Romanos 6:12,13)

 

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” (Romanos 12:1)

 

El Tener comunión con Cristo, produce la permanencia del Espíritu Santo en un creyente.

 

“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” (Juan 15:4,5)

 

La vida cristiana no se puede vivir sin la presencia del Espíritu Santo. La vida cristiana comienza cuando el Espíritu Santo le revela a una persona el amor de Dios a su corazón y él respondiendo en fe proclama que Jesucristo es su Señor y Salvador. El creyente tiene que estar consciente que el Espíritu Santo es el que le capacita para que viva una vida victoriosa.


Jorge Cintron
Jorge Cintronhttps://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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