Púlpito Evangélico – UNCIÓNDEL REY

UNCIÓN DEL REY

PASTOR, JORGE L CINTRON

 

“Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.” Juan 12:3

 

Jesús se encontraba en Betania participando de una cena que unos amigos habían preparado para él en casa de Simón el leproso. Debo asumir que Simón ya no padecía de lepra y que había sido declarado limpio. También debo asumir que Simón había sido sanado en algún momento de su lepra por la obra restauradora de Jesús y que por eso, en gratitud, había organizado aquella cena. Lázaro estaba sentado a la mesa con Jesús. Marta, haciendo sus labores rutinarios, ayudaban sirviendo la mesa. Entonces María tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, entro al lugar donde cenaban, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.

 

¡Qué escena más bella la anterior! Allí no tan solo se había derramado un perfume de mucho precio, sino que se había derramado el amor de  un corazón agradecido. El corazón de María estaba agradecido porque su hermano Lázaro había muerto, lo habían sepultado y a los cuatro (4) días de esto Jesús había ido al sepulcro donde lo habían puesto y clamando a gran voz  lo había llamado del Sehol.

 

El relato bíblico señala que cuando Jesús llegó al sepulcro de Lázaro lloro y que las personas decían: ¡Mirad cuánto le amaba!

 

Pablo le escribió a los romanos: ¿Quién nos separará del amor de Cristo?” (Romanos 8:35a) y luego terminó ese pensamiento señalando: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. (Romanos 8:37–39)

 

El discípulo amado, Juan, escribió: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero”. (1 Juan 4:19)

 

Jesús había pasado durante esa última semana de su ministerio terrenal por unos momentos muy emotivos.

 

Mientras los que le acompañaban en su entrada a Jerusalén cantando en algarabía –“¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!”– Jesús lloraba sobre la ciudad y decía.: “¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.” (Lucas 19:42–44)

 

Y al entrar, luego, al templo tuvo que comenzar a “echar fuera a todos los que vendían y compraban en él, diciéndoles: Escrito está: Mi casa es casa de oración; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones”. (Lucas 19:45–46)

 

Durante los días anteriores Jesús se había tenido que enfrentar a los cuestionamientos de los principales sacerdotes, los escribas, los ancianos de Israel, los saduceos, los fariseos y hasta de  los herodianos.

 

Jesús sabía que ante si se acercaba el suplicio de la Cruz

 

La unción de María más allá de una unción con perfume de nardo puro, de mucho precio, fue una unción de amor.

 

Cuando Jesús murió el viernes y su cuerpo fue bajado de la Cruz para ser llevado al sepulcro su cuerpo no fue ungido con las especies aromáticas que se ungían los cuerpos de los que iban a ser sepultados. El Sabath estaba próximo a comenzar y no había tiempo para ungirlo. Las mujeres habían acordado que el primer día de la semana irían al sepulcro a ungir su cuerpo. Cuando llegaron a ungir el cuerpo de Jesús ya el cuerpo no estaba allí. Había resucitado. No pudieron ungir a Jesús.

 

Jesús es el Rey y no necesitaba que los hombres lo ungieran con especies aromáticas.

 

Mas allá de derramar un perfume de mucho precio María lo ungió con un amor desbordante que salía de un corazón agradecido.

 

¿Has derramado tu amor desbordante ante Jesús?

 

El perfume con el cual ungió María a Jesús era un perfume de nardo puro, de mucho precio. El evangelista Marcos señala que ese perfume podría ser vendido por trescientos (300) denarios. Trescientos (300) denarios era el salario de un año de un obrero. Cuando una multitud de 5,000, sin contar las mujeres y los niños, siguieron a Jesús a un lugar desierto  el Maestro le dijo a sus discípulos que ellos le dieran de comer. La respuesta de los discípulos fue ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer? Doscientos denarios sería lo que necesitarían para comprar pan para aquella multitud.

 

María no tomo en cuenta el costo de ungir a Jesús con aquel perfume.

 

¿Qué te detiene para derramar tu amor desbordante ante Jesús?

 

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. (Romanos 5:8)

 

“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. (1 Corintios 6:20)

 

María al ungir a Jesús no tuvo en cuenta las implicaciones sociales que aquel acto tenía.

 

El contacto físico entre una mujer y un hombre en la sociedad judía estaba muy restringido. María para ungir a Jesús tuvo que descartar algunos conceptos sociales. Tuvo que tocar a Jesús. Tuvo que soltarse el pelo para secar los pies de Jesús. Tuvo  que echarse a sus pies.

 

Su amor era un amor desbordante

 

Pablo en el himno al amor en 1 Corintios señala entre otras cosa sobre el amor. 1) El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 2) No hace nada indebido, no busca lo suyo, y 3) Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”

 

Un hombre rico llegó preguntándole a Jesús: “Qué haré para heredar la vida eterna”. Jesús le dijo, de primera intención, “¿Los mandamientos sabes?”. Al él responderle que los había guardado desde su juventud Jesús le dijo: “Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico” (Lucas18:22,23) Aunque Jesús lo amaba  no pudo hacer nada por él porque las implicaciones sociales de la decisión de mostrar un amor desbordante hacia Jesús lo detuvieron.

 

Una mujer siro fenicia se acercó a Jesús. “rogándole que echase fuera de su hija al demonio. Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos”. (Marcos 7:26,27)

 

¿Qué te detiene para lanzarte a los pies de Jesús y ungirlo con un amor desbordante?

 

La unción que hizo María de Jesús con aquel perfume de nardo puro, de mucho precio, tuvo consecuencias más allá de la persona de Jesús.

 

La casa se llenó de aquel aroma exquisito. Cuando una persona se derrama en amor desbordante ante Jesús su acción afecta a todos los que están a su alrededor. Derramarse en amor ante Jesús tiene un efecto en quien lo hace. El cabello de María se impregnó del olor de aquel perfume de nardo puro, de mucho precio.

 

Jesús había pasado durante esa última semana de su ministerio terrenal por unos momentos muy emotivos. Se había ido a Betania. María con un amor desbordante de gratitud derramó un perfume de nardo puro, de mucho precio sobre sus pies. Luego los enjugó con sus cabellos. Jesús sabía que su sacrificio en la cruz transformaría las vidas de muchas personas.

 

El mensaje de la Cruz es uno de transformación.

 

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Filipenses 2: 5–8)

 

 

(Este mensaje fue presentado el miércoles 8 de abril de 2020 a las 7:30pm  a través de Facebook Live en la página de Jorge L Cintron. Segundo mensaje de la CRUZADA DE SEMANA SANTA)

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttps://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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