Sed de Dios

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios? Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; de cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta. ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío. Dios mío, mi alma está abatida en mí; me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, y de los hermonitas, desde el monte de Mizar. Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. Pero de día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su cántico estará conmigo, Y mi oración al Dios de mi vida. Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo? Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan, diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios? ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío” (Salmos 42:1-11 (RVR1960).

Como creyentes, es natural sentir una insaciable sed de Dios como lo explica el Salmista David en el Salmo 42. David personalmente hace similitud a la sed del ciervo por la situación que él estaba pasando. Dice la Palabra de Dios que David clamó como el ciervo debido a que el rey Saúl andaba buscando cómo matarlo. David desesperado, como el ciervo que brama, clama a Dios en oración. Así como David, nosotros también debemos de clamar a Dios cada día. El ciervo clamó por agua porque tenía sed, ¿Cual es tu clamor?

El rey David fue bien especifico cuando dijo que tenía sed del Dios vivo. El no tenía sed para saciar su cuerpo, él solo quería saciar su alma. David reconoció que solo Dios tenía el poder para saciar su sed física y espiritual. La sed física es la que se sacia con agua pasajera, pero la sed espiritual, es el agua que perdura toda la vida y cuando la ingiere no tendrá sed jamás. Es el agua que cuando tú la pides a Dios, Él te la da gratis. Jesús les dijo: Yo Soy el Pan de vida; el que a Mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en Mí cree, no tendrá sed jamás. Juan 6:35 (RVR1960)

El siervo tenía sed, pero también necesitaba agua para bañarse y calmar el olor que salía de su cuerpo. El olor que mana del ciervo es el olor que los animales salvajes y los cazadores huelen para poder cazarlo y matarlo. En otras palabras, el olor que mana del ciervo es el causante para su exterminación y el agua es la causante para su preservación. El Señor Jesucristo es la Fuente de Agua viva. El agua que bebemos cuando tenemos sed, es efímera pero el agua de Dios nunca se acaba.

Respondió Jesús: “Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que Yo le daré, no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.” Juan 4:13-14

Cualquiera que sea tu sed o necesidad, clama a Dios y Él te responderá. Espero en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”

Palabra de Dios
www.ministeriosdesanidad.org



Fuente Original: Sed de Dios

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