¡Sembrar y cosechar produce libertad!

“Un Milagro Cada Día” nació hace un año y medio en español, y ha sido desde entonces un instrumento que Dios ha usado para tocar y bendecir muchas vidas. ¡Espero que la tuya haya sido tocada también, querido(a) amigo(a)! Esta semana vamos a hacer una serie especial acerca de la generosidad. Durante esta semana, vamos a invitarte también a que puedas apoyarnos financieramente, para que así Un Milagro Cada Día pueda seguir siendo usado por Dios para transformar vidas. ¿Quisieras preguntarle al Señor si es Su voluntad que colabores financieramente para esta obra con una aportación mensual o con un donativo puntual? Para colaborar con nosotros, haz clic en este enlace. ¡Muchas gracias, y que muchas más vidas puedan ser cambiadas y liberadas a través de “Un Milagro Cada Día”!

La Palabra de Dios dice: “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió, dio a los pobres; Su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios” (mira 2 Corintios 9:6-11).

¿Sigue funcionando actualmente el principio de la siembra y cosecha? ¡Sí! Dios hace promesas extravagantes en estos pasajes en relación a tus finanzas. Querido(a) amigo(a), Dios dice que si siembras generosamente:

  • Él te bendecirá abundantemente en tus finanzas,
  • Crecerás en rectitud
  • Te enriquecerás en CADA camino
  • ¡Tendrás abundancia, para que así puedas ser generoso con los demás en todo tiempo!

Hace muchos años, Dios nos dijo a mi esposa y a mí que fuésemos generosos con la obra del Señor y que ayudásemos a misioneros, a pastores, a iglesias… Él quería que invirtiésemos en el Reino de Dios. Digo esto sin orgullo, ya que a veces fue un proceso duro de aprendizaje. ¡La generosidad no era algo que fluyese de forma natural de mí!

Sin embargo, lo he visto una y otra vez: ¡no puedes dar algo a Dios, sin que Él te dé mucho más de vuelta! Dios nos dijo que sembrásemos, porque quiere que hagamos cosas que enriquezcan nuestras vidas. A Él le gusta que compartamos lo que tenemos con los demás, ¡esa generosidad hace que Su mano derrame bendiciones sobre nuestras vidas!

Cuando damos, tiene que ser de una manera intencional. El Señor nos llama a dar con un corazón agradecido, “no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (mira 2 Corintios 9:7).

¡Gracias a Dios por este grandioso principio de la siembra y la cosecha, y porque nos permite manifestar Su naturaleza generosa a través de nosotros!

Gracias por existir, 
Eric Célérier

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