Un adulto niño

Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual (la Palabra de Dios) no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.
1 Pedro 2:2

Bernardo (15 años) acababa de convertirse. Creía en el Señor Jesús, quien murió por él, y sentía un profundo gozo. Tenía la firme intención de leer la Biblia cada día, deseaba progresar rápidamente. Pero la vida continuaba… estaba muy ocupado. Tenía muchos amigos, jugaba al fútbol en un club, y su trabajo escolar lo ocupaba durante horas.

Cierta noche logró leer la Biblia un ratito antes de acostarse. Pero al día siguiente el entrenamiento de fútbol fue especialmente agotador. Bernardo estaba tan cansado que prefirió dormir… «Mañana estaré mejor y podré leer», se dijo. Sin embargo, al otro día descubrió que debía preparar un control de matemáticas que había olvidado completamente. Leeré mañana, pensó.

El sábado por la noche, después de la final de fútbol, al fin se dispuso a leer la Biblia. Pero el partido venía una y otra vez a su mente. ¡Qué raro, no encontraba ningún atractivo en lo que leía! Y día tras día, semana tras semana, sus fuerzas espirituales fueron disminuyendo…

Diez años después, Bernardo se había convertido en un buen deportista. Tenía una profesión interesante. Pero a los ojos de su Señor, se había quedado en el nivel de un niño (Hebreos 5:13). ¡Qué triste anomalía! Perdió un tiempo precioso, y Satanás obtuvo lo que buscaba…

Lector, si usted se parece a este joven, ¡deténgase! ¿Qué es lo que le impide tener tiempo para el Señor? Nada puede reemplazar, para su alma, la lectura diaria de la Palabra de Dios. Es el único alimento sano, capaz de hacerlo crecer para gloria de su Salvador.

Jeremías 52:17-34 – 2 Corintios 12 – Salmo 107:1-9 – Proverbios 24:1-2
© Editorial La Buena Semilla

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