Una cesta de mimbre no retiene el agua

La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu… y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
Hebreos 4:12

Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos.
Salmo 119:162

A menudo una niña iba a casa de su abuela quien vivía a orillas de un río y leía regularmente la Biblia. Un día la pequeña le preguntó intrigada: –Abuela, ¿por qué lees tanto la Biblia? ¿Todavía no la sabes de memoria? La abuela señaló con el dedo una cesta de mimbre y le dijo: –¡Ve a traerme agua del río en esta cesta! La niña obedeció y regresó corriendo, pues esperaba que quedase un poco de agua en la cesta, pero solo quedaron algunas gotas.

–Ves, pequeña, le dijo la abuela. Ayer utilicé esta cesta para traer patatas, y quedó sucia. Al meterla en el agua, la lavaste. ¿Sabes?, hace muchos años que leo la Biblia, y cuando la leo no retengo gran cosa, he perdido un poco mi memoria, pero tal como lo hace el agua con la cesta, ella lava mi corazón. Soy feliz leyéndola, pues la Palabra de Dios limpia mi corazón y hace que mi conciencia sea más sensible.

Amigos creyentes, esta historieta debería hacernos reflexionar sobre la importancia de leer la Biblia y el impacto que esta tiene sobre nuestra alma. El Señor Jesús, antes de ser crucificado, rogó por nosotros a su Padre: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Incluso si tenemos la impresión de retener muy poco lo que leemos, la Palabra de Dios, que tiene el poder para salvar nuestras almas (Santiago 1:21), también tiene el poder para alimentar nuestros corazones y purificarlos mediante los mensajes que Dios nos transmite a través de ella.

Deuteronomio 31 – Juan 20 – Salmo 119:145-152 – Proverbios 27:3-4
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